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Ángel Viñas: «Stalin no quería una república popular en España»
CHEMA BARROSO Ángel Viñas, ayer, durante la entrevista en el Café de Gijón
«El honor de la Repúblico» (Crítica) no sólo es el libro de historia más esperado de este primer trimestre editorial, sino el cierre de la trilogía que Ángel Viñas ha dedicado a este periodo histórico: «La soledad de la República» (2006) y «El escudo de la República» (2007), una aventura en la que ha invertido veinte años y en la que se ha propuesto limpiar las innumerables «costras» que enmarañan su estudio.
A su juicio, «se necesitaba tener una visión global y documentada de la política de la República hacia el interior y el exterior -explica a ABC-. Hasta hace poco se ha escrito desde el punto de vista de las potencias del momento, marcado, de una parte, por la política de no intervención de las democracias occidentales; y de la otra, por las políticas intervencionistas de Alemania e Italia así como de la URSS... por no hablar de la óptica de los historiadores franquistas. La culpa no es de los historiadores. No se tenía acceso a mucha documentación que ahora se ha ido desclasificando y se ha podido consultar los archivos de la URSS. Yo he estado lampando en los archivos desde 1976».
Muchos son los factores que provocaron ese «encostramiento». «En primer lugar, la mitología franquista, que nos han vendido muchos camelos. La historiografía franquista es buena en algunas cosas, pero no lo es en lo fundamental... Asimismo, hay que señalar las grandes querellas del exilio. Ahí se acusa a Negrín de haber sido un títere de los soviéticos, cuando la verdad es que le dice tres veces que no a Stalin. La primera, cuando se propone la fusión entre el PSOE y el PCE; la segunda, cuando se le aconseja la convocatoria de elecciones para favorecer la legitimidad democrática en plena guerra; y la tercera, cuando se le pide retirar a los comunistas del Gobierno para evitar la suspicacia de las potencias democráticas».
La «costra» definitiva
En fin, para Viñas la «costra» definitiva es «haber interpretado la Guerra Civil desde la óptica de la Guerra Fría, porque ésta aún no existía entre 36 y 39. Esa visión ha hecho mucho daño, sobre todo, entre los anglosajones; por ejemplo, la obra de Burnett Bolloten es una mixtificación total que, además, ha hecho escuela. Por otra parte ha estado la inaccesibilidad a los archivos soviéticos. Creo que Antony Beevor no ha entrado mucho en ellos y su libro sobre la Guerra Civil (en el que retomó un texto escrito hace años donde analizaba tácticas militares) yerra cuando sostiene que el propósito de Stalin era implantar en España una república popular avant la lettre. Es absolutamente falso».
Ésta es una de las grandes novedades que Viñas dice haber documentado. «Stalin tenía miedo a una conflagración con Alemania y que la URSS se quedara sola. Esa soledad le atormenta porque sabe que no es fuerte. Necesita el apoyo de las potencias occidentales y lo cree encontrar en Francia, pero ésta le esquiva. Luego, lo busca en Gran Bretaña, y también le esquiva. En esto hay que distinguir muy bien entre las gestiones serias de los gobiernos y la propaganda. Stalin lo tenía claro: para no levantar suspicacias dice que la revolución que predica la propaganda está «en un futuro muy lejano...» Creo que mi libro desvela las dificultades que tenían los gobiernos para interpretar la realidad. Los servicios diplomáticos tenían datos pero nadie se enteraba de nada».
Política exterior de la República
En cuanto a la política exterior de la República, «hay que decir que, ya desde Largo, la estrategia era «con las democracias, todo lo necesario; con la URSS, sólo lo imprescindible», y eso se advierte aunque los planteamientos de Azaña y Negrín parezcan distintos. Negrín se impone y la verdad es que la URSS es la que salva a la República».
Por último, Viñas se siente orgulloso de haber apelado al «honor de la República» ante la agresión nazifascista -de ahí el título del libro- y de ofrecer «una visión de la Guerra Civil como una guerra moderna. Eso es algo que sí advirtieron los soviéticos y los nazis». En el CD que acompaña al libro, y en el que se incluyen numerosos documentos fundamentales, «puede consultarse el de uno de los generales más nazis, Von Reichenaw, que la sitúa en su tiempo, no como un residuo de la Primera Gran Guerra, sino como anticipo de la Segunda. Y eso está claro si se ve que el golpe concebido por Mola no es un pronunciamiento decimonónico (eso lo fue la intentona de Sanjurjo). De ahí la violencia, esa orientación de Mola y Queipo de Llano a triturar a las masas adictas a la legalidad republicana. Esa violencia es nueva», concluye Viñas.
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