El número de industrias que arden en las zonas más afectadas por la crisis se dispara un 77%. Los investigadores «descifran» el rastro dejado por las llamas para esclarecer las causas

Un grupo de bomberos del Consorcio Provincial de Alicante, en el parque de San Vicente / JUAN CARLOS SOLER
Lunes, 08-12-08
Lo relatan veteranos bomberos del Bajo Vinalopó, una de las comarcas de Alicante con mayor concentración de industrias: «Cada año se repetía la misma historia. Cuando llegaba el momento de pagar a la plantilla la extra de Navidad ardía alguna fábrica. El empresario se mostraba compungido... pero luego los vecinos nos contaban que la noche anterior habían visto sacar toda la maquinaria valiosa de la nave».
Los incendios provocados para cobrar la prima del seguro no son una leyenda urbana. «Siempre se ha producido algún caso, pero no hemos detectado un aumento significativo porque las aseguradoras los investigan cada vez más para evitar fraudes», explica el suboficial jefe del área del Alacantí del Consorcio de Bomberos de la Diputación de Alicante, José Rabasco.
Sea cual sea la causa, los incendios en fábricas y naves industriales han experimentado un leve repunte en plena crisis económica. A la espera de cerrar la estadística del mes de diciembre, el Consorcio ha atendido en lo que va de año 123 siniestros de estas características en toda la provincia, una cifra ligeramente superior a los 118 registrados en todo 2007.
El principal incremento se ha producido precisamente en el área del Vinalopó, donde los bomberos de los parques de Elda y Villena han sofocado 32 incendios industriales, frente a sólo 18 en el pasado ejercicio, lo que supone un aumento del 77%. En el Alacantí se han producido ocho siniestros de este tipo y, en la Marina Alta, seis. En ambos casos, el doble que el año pasado. En los últimos meses, también se ha registrado un aumento de incendios en talleres y almacenes de pirotecnia, una afición de alto riesgo en la Comunidad Valenciana.
José Rabasco es uno de los bomberos del Consorcio que se han especializado en esclarecer las causas de los incendios cuando existen indicios de delito para colaborar con la Policía científica, que es a la que en última instancia corresponde esta labor.
En los incendios forestales, la inclinación de la vegetación quemada o incluso la coloración de las piedras que han quedado expuestas a las llamas permite reconstruir el trayecto que ha seguido el fuego para descubrir el foco inicial, ya sea una fogata, una colilla mal apagada o la caída de un rayo. La existencia de varios focos distintos es el indicio que, con más frecuencia, apunta a un fuego intencionado.
Los detectives del fuego
En el caso de los incendios en inmuebles, los investigadores siguen otro tipo de rastros para llegar al origen: las marcas de humo en la pared pueden indicar si las llamas se han propagado con mayor o menor rapidez, la coloración del hormigón y la profundidad de las grietas en la madera carbonizada delata las zonas expuestas a una mayor temperatura, que en un incendio puede alcanzar los 1.200 grados.
Los acelerantes y otros productos inflamables utilizados para provocar un incendio también dejan sus propios rastros (marcas rosáceas en los materiales, si se trata de hidrocarburos). En otros casos, los ácidos empleados en algunas fábricas de calzado, así como los nitratos y abonos, pueden convertir una nave industrial en un auténtico polvorín.
Pero además es esencial, según Rabasco, iniciar la investigación cuanto antes, incluso cuando aún no se han apagado las llamas, y recabar toda la información posible de los testigos presenciales.
Crimen en Santa Pola
«En un incendio», explica este bombero, «los vecinos nos dijeron que habían escuchado una explosión, pero los cristales de la vivienda no estaban rotos ni encontramos ningún producto hubiera podido provocarla, como una bombona de butano. Al final, la investigación nos permitió detectar que el fuego se había iniciado en un colchón que alguien había rociado de gasolina».
Dejando de lado la fascinación enfermiza por el fuego que mueve a los pirómanos, el móvil que suele ocultarse tras un incendio provocado es la venganza, el intento de destruir pruebas de otro delito o el interés económico. La investigación llevada a cabo por los especialistas del Consorcio y la Policía permitió descubrir que el incendio en el que supuestamente falleció un sacerdote de Santa Pola había sido provocado, en realidad, para ocultar su asesinato: había sido previamente apuñalado y ahorcado.
En ocasiones ocurre a la inversa: hace varios años apareció un cadáver calcinado en el interior de un contenedor, en San Vicente, pero las indagaciones determinaron que el fuego se había producido de forma fortuita.
El fuego tiene sus propias reglas: la naturaleza de los materiales que consume y las características arquitectónicas del edificio son determinantes para que avance con mayor o menor velocidad. Algo muy a tener en cuenta en poblaciones como Benidorm o Torrevieja, que cuentan con una elevada densidad de bloques de gran altura.
Según explica José Rabasco, algunos edificios actúan como una auténtica chimenea, por la que el fuego se extiende con gran rapidez. Algo que también ocurre con los falsos techos y los muros cortina que proliferan en la arquitectura moderna.

