Lunes, 08-12-08
A. F.
SANTIAGO. Los efectivos de Salvamento Marítimo aprovecharon las buenas condiciones meteorológicas de la jornada de ayer para intensificar la búsqueda en aguas galaico-asturianas de los cinco desaparecidos tras el hundimiento el pasado viernes a 24 millas de la localidad luguesa de San Cibrao del arrastrero de bandera portuguesa «Rosamar».
Tras el rescate de cinco marineros y el hallazgo de tres fallecidos, el rastreo de los cinco desaparecidos restantes en las últimas jornadas no ha deparado noticia alguna. Dos barcos y un avión participaban durante todo el domingo, aprovechando la buena visibilidad de un día soleado, en el rescate en la zona a la que podrían haber llegado los hombres a bordo de la segunda balsa de salvamento. Las esperanzas de hallar con vida a los náufragos eran, no obstante, muy reducidas o casi inexistentes.
La balsa «intacta» encontrada ayer junto con un chaleco salvavidas en la zona del naufragio pertenecía efectivamente al «Rosamar», pero mostraba signos de no haber sido utilizada por los tripulantes. «La temperatura del agua es de doce grados», señalaban ayer fuentes de Salvamento Marítimo, que precisaban que a esos niveles de temperatura «es imposible sobrevivir».
Luis Olibeira, el último de los cinco supervivientes del pesquero con bandera portuguesa en ser dado de alta, comparecerá en la mañana de hoy ante la Policía Judicial y el Juzgado de Primera Instancia de Viveiro para ofrecer su versión de los hechos que desencadenaron el hundimiento del navío.
Olibeira no pudo prestar declaración junto a los otros cuatro marineros salvador ya que abandonó más tarde que éstos el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña, donde todos fueron tratados. Un cuadro de hipotermia y contusiones le impidieron comparecer. Olibeira acudió ayer al centro hospitalario junto con el armador del buque, el gallego Jesús Labayén, para realizar un chequeo, pues sigue bajo vigilancia médica.
Repatriación
Los cadáveres de los tres marineros fallecidos partieron a última hora del sábado con destino a Portugal desde la localidad luguesa de Foz en autobuses que ocupaban además sus familiares. La expedición debió hacer un alto en el camino en Lugo, para obtener certificados sanitarios y forenses.

