El calentamiento global, su lento decaimiento, las lluvias, las altas mareas y el viento siroco que la azotan amenazan con sumergir la urbe en poco más de veinte años si no se actúa antes para remediarl

Con el agua hasta las rodillas ha habido que caminar estos días por Venecia, donde las aguas nunca habían subido tan alto en los últimos veinte años / AP
Publicado Domingo, 07-12-08 a las 11:55
Quien no haya visitado Venecia que se dé prisa y haga las maletas, porque en los próximos decenios podría desaparecer definitivamente. Lo que muchos consideraban una profecía de esas que anuncian el fin del mundo es una realidad en la ciudad de los canales, ya que su localización —en una laguna—, el cambio de clima y la continua erosión provocada por el ser humano aceleran a marchas forzadas el hundimiento de la ciudad del amor, de los canales, del renacimiento, de las góndolas...
Las escenas vividas esta semana, cuando el agua alcanzó uno de los registros más altos de los últimos cuarenta años, son un aviso de que Venecia tiene los años contados. Así lo confirma a ABC el director del Instituto de Ciencias Marinas del Consejo Nacional de Investigación Italiano (Ismar-Cnr), el geólogo Fabio Trincardi: «Venecia es una laguna, y las lagunas como tales son efímeras. Duran poco en la historia geológica del planeta. En unos miles de años desaparecen. Así que cuando se dice que Venecia tiende a desaparecer, es la pura verdad».
«Aguas altas»
El geólogo nos recuerda que durante cinco siglos la población de la RepúblicaVeneta ha causado un fuerte impacto medioambiental que, unida a fenómenos como el crecimiento en la altura de las aguas, proyecta los más oscuros augurios sobre el futuro de la ciudad. El fenómeno de «aguas altas» tiene un origen local, pero éste se ve a su vez afectado por el fenómeno global del calentamiento del planeta. Según explica Trincardi, los cada vez más espectaculares efectos provocados por la altitud de las aguas se deben en principio a tres factores: las altas mareas, relacionadas con las fases lunares; las bajas presiones; y el viento siroco que viene del sur y eleva también el nivel del mar. Cuando estos tres factores se unen provocan el denominado fenómeno de «agua alta»: hasta dos metros si los tres factores citados se encuentran en su punto de máxima intensidad. A estos tres factores habría que añadir el deshielo de los polos, que amenaza con aumentar el nivel del mar de año en año.
Las predicciones más pesimistas señalan que en tan solo veinte años el nivel de las aguas de Venecia puede alcanzar tal altura que la ciudad se hunda irremisiblemente si no se hace algo antes por detener el fenómeno. Hay estudios científicos que señalan que ya entre el año 2008 y el 2100 el nivel de las aguas se habrá elevado de forma estable más de medio centímetro en los canales. Un crecimiento más que notable si se tiene en cuenta el corto periodo en el que va a tener lugar.
Centímetros perdidos
Por otro lado, la ciudad se hunde. Además del crecimiento del nivel de las aguas, Venecia se ve afectada por el fenómeno denominado de subsidencia, consistente en un progresivo hundimiento del suelo. En los años setenta, el Instituto de Ciencias Marinas consiguió detener la extracción indiscriminada de agua dulce de las faldas del suelo veneciano que había provocado su paulatino hundimiento. Así se pudo detener tal fenómeno, pero los centímetros perdidos ya no se podrán volver a recuperar.
Para aliviar las continuas inundaciones de la ciudad se aprobó la construcción de un faraónico proyecto consistente en la construcción de diques levadizos en las tres bocas de conexión de la laguna con el mar Adriático. El plan, que será operativo en 2014 y que costará 800 millones de euros, no convence a los geólogos que consideran que para que sea amortizable la inversión habría que cerrar sus compuertas a menudo —ya que los 80 centímetros de agua en San Marcos ya se ha convertido en algo normal durante el «agua alta otoñal»— lo que provocaría una paralización de la economía de la ciudad ya que los barcos no podrían entrar en puerto. «No hay que olvidar que Venecia no es sólo turismo, sino sobre todo industria —señala Trincardi—, por lo que la presión de los empresarios previsiblemente hará que cada vez se cierren menos las compuertas. La pregunta entonces será: ¿Merecía la pena gastarse tanto dinero?».
Más convencido de la utilidad del proyecto está el alcalde de Venecia, el filósofo Massimo Cacciari, quien afirmó a ABC que tal proyecto será «resolutivo», aunque confirmó que los diques no podrán estar cerrados durante mucho tiempo porque «se bloquearían las actividades del puerto, fundamento de la economía ciudadana». Además, añade, «si no se abrieran las compuertas, se impediría la renovación del agua y se convertiría la laguna en un depósito contaminado».
Cacciari conoce bien la realidad de Venecia y es consciente de que la subida de la marea, después de todo, no supone un grave problema para los ciudadanos, que están acostumbrados a vivir con el nivel de las aguas a 120 centímetros. «El problema es que las previsiones del futuro señalan que el nivel del mar va a seguir aumentando, por lo que, con los años, la ciudad se podría inundar a diario». De ahí la necesidad de contar con un proyecto como el señalado de los diques. Las obras de éste siguen su camino, aunque las inundaciones que se propone combatir en el futuro también afectan al desarrollo de las mismas.
Los venecianos, no obstante, están habituados a vivir en esta época con el agua por encima de las pantorrillas. Por la ciudad hay distribuidos altavoces que alertan de una subida del nivel del agua horas antes de que ésta se produzca. Y en esta ciudad, además, los boletines informativos y meteorológicos se siguen como un ritual casi sagrado. Hay una línea abierta de información telefónica y un sistema de alarma por mensajes de móvil. «De esta forma, cada ciudadano activa su sistema de protección —señala el alcalde—: coloca barreras en las puertas de casa y en las tiendas, se calza las botas especiales de agua, y se habilita una pasarela de madera de 4 kilómetros instalada en la parte más hundida de la ciudad. El ritmo de vida se ralentiza, pero en algunas horas todo vuelve a la normalidad».
«Estamos acostumbrados, la vida sigue», comenta una veneciana mientras hace la compra con el agua a la altura de las rodillas como si esta fuera la cosa más natural del mundo. Algo parecido piensan los comerciantes de la ciudad, que, tras las inundaciones de esta semana, decidieron lanzar una oferta promocional de vacaciones llamado irónicamente «Venecia agua alta». La idea fue del presidente de la Asociación veneciana de hosteleros, Franco Maschietto, quien explicó que la inspiración le vino por «la polémica y los alarmismos exagerados lanzados por la prensa, porque el agua alta ha existido siempre, y no es para que se hayan anulado miles de reservas». Quizá ahora las reservas se dupliquen a sabiendas del peligro de desaparición que corre la ciudad. Una perspectiva que preocupa también a la Unión Europea, que en un informe sobre el calentamiento global advertía de que Venecia «podría desaparecer en pocos decenios». Las conclusiones de un grupo de expertos de la ONU indican que, de no poner remedio inmediato, la ciudad conocerá en los próximos años aluviones, enfermedades, y la desaparición del 30 por ciento de sus especies vivas. En realidad, todo el continente se va a ver afectado: más árido el sur, más lluvioso el norte y en ambas partes cada vez más catástrofes naturales. Pero, fatalistas predicciones al margen, Venecia vive su día a día cercada de agua. Se valoran daños, se anuncian compensaciones económicas y los turistas hacen fotos sin parar de los canales, las góndolas, los palacios... No vaya a ser que, en una de estas tormentas, la ciudad se hunda para siempre.

