Jean Daniel: “En estos momentos de la historia necesitamos más que nunca gente que sepa decir que no”
Jean Daniel, en una imagen de archivo /JOAQUIN PAÑEDA
Actualizado Sábado, 06-12-08 a las 16:31
La carne cruel y ensangrentada del siglo XX está veteada, sin embargo, de hombres y nombres repletos de coraje y rebeldía que intentaron poner algo de luz entre las tinieblas de la guerra, de la bomba de Hiroshima, de los totalitarismos de uno y otro signo, de los gulags y los campos de exterminio, de las luchas de independencia en las colonias.

Hombres como Albert Camus, dramaturgo, novelista, periodista, miembro de la Resistencia y premio Nobel de 1957. Nombres como Jean Daniel, soldado de la Francia Libre, periodista (fundador y luego director del “Nouvel Observateur”) y premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en 2004.
Dos personalidades carismáticas que durante el siglo pasado compartieron un origen y un sufrimiento común (Argelia), una pasión (el periodismo comprometido) por el humanismo y el debate de las ideas.
Tirando del hilo de su longeva memoria (nació en 1920) Jean Daniel ha reconstruido en «Camus a contracorriente» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) un retrato del autor de “La peste”, dibujado desde la cercanía del primer plano de su amistad, y con todo el conocimiento de causa que posibilita una admiración casi ilimitada. El libro ha sido prologado por el ensayista y sociólogo francés de origen argelino Sami Naïr, quien ayer en la presentación calificaba a Daniel de “monumento, un personaje imprescindible, un referente cultural y político. Durante cuarenta años, todos los jefes de gobierno han escuchado sus reflexiones basadas en una idea muy clara de compromiso, y una comprensión del mundo muy coherente. Porque Jean Daniel nunca cambió sus valores de justicia, compasión con los que sufren y padecen, y respeto al otro”.
En su libro –“que se lee como una novela, porque es una novela, la novela de la relación entre Daniel y Camus”; según Naïr- Jean Daniel perfila la personalidad humana e intelectual de Albert Camus siempre marcada y teñida de ética y de rebeldía, en un intelectual y un artista que “siempre reflexionó de una forma profunda e intensa sobre la dialéctica entre los fines y los medios, y que tuvo muy claro que si se quiere la libertad no se puede llegar a ella a través de la violencia y el terrorismo”.
Bella locuraDesde la sabia altura de sus casi noventa años, Jean Daniel es un hombre de excelente humor (“me asusta que me llamen monumento, espero que no se refieran a que soy una momia egipcia”) y profundas convicciones morales y periodísticas. “A mí me pasó con Camus –recordaba ayer- lo que al propio Camus con Nietzsche, que me volvía loco porque cuando decía algo era justo lo que yo iba a decir. Aunque siempre me costó situarle entre los grandes, sin embargo lo fue, sobre todo en el resto del mundo más que entre los medios intelectuales franceses, algo que siempre me llamó mucho la atención”.

Casi cincuenta años después de la desaparición del autor de «El extranjero» en un accidente de automóvil –poco tiempo después de que precisamente dijera que era la manera más absurda de morir- su obra, su vida y sus ideas siguen siendo una referencia entre los jóvenes franceses de hoy, hasta el punto de que, como señaló Jean Daniel, puede hablarse de una “camusología". El periodista francés también se preguntó cómo esto ha podido llegar a ser posible en alguien de cuyo origen no podía esperarse algo similar. “Fue un niño pobre, hijo de una mujer sorda y analfabeta que nunca pudo leer lo que escribía su hijo. Un niño pobre que, sin embargo, cuando salía a jugar al fútbol bajo el sol ya era el rey, el auténtico rey. Un adolescente que enfermó de tisis, que conoció la pobreza y la enfermedad, pero también la felicidad y la literatura casi desde la infancia, que vivió siempre marcado por la amenaza de una crisis que acabara con su vida, y cuya situación económica nunca fue desahogada hasta la concesión del Nobel”.
El necesario inconformismoIgualmente, Jean Daniel reivindicó la necesidad de gente con la integridad humana y moral de Albert Camus, porque “vivimos en un momento de la historia en el que lo que necesitamos son hombres y mujeres capaces de decir que no, personas inconformistas hasta las últimas consecuencias, como el coronel Picard del 'caso Dreyfus', como André Gide ante Stalin y su régimen de terror. En este sentido, Camus fue un hombre solo desde su denuncia del lanzamiento de la bomba de Hiroshima en su obra. ¿Y después qué?”.
Daniel también recordó el afecto del autor de «El estado de sitio» por la cultura española, “por Unamuno, Lorca, Machado...Incluso, aunque el gran amor de su vida fue su esposa Francine, su gran pasión fue la actriz española María Casares, aunque no sé si en todo ello influyó que su madre también fuera española”, y resaltó que en la vida y el destino de Camus lo que verdaderamente cuenta “es su manera de vivir la condición humana, su instinto de rebeldía (“me rebelo luego existo”, decía) y su profundidad moral y su convencimiento de que aunque siguiendo a Nietzsche, creamos que Dios no existe, no todo nos está permitido”.

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