gnacio Uría, de 70 años, era copropietario de una constructora adjudicataria de las obras . Simpatizante del PNV, iba sin escolta

Bochornoso espectáculo de los representantes sindicales de su empresa
El comité de empresa de Altuna y Uría, la empresa de la que era copropietario Ignacio Uría, dio ayer la nota. Los tres representantes sindicales de LAB ni siquiera firmaron el escrito de condena del asesinato y los diez de ELA, que elaboraron el texto, fueron incapaces de redactarlo sin <MC>dar cuartelillo a los argumentos recurrentes de los batasunos, al referirse a que estos hechos no ayudan a «las legítimas luchas sociales contra esa obra ferroviaria».
<MC>El comité se reunió de urgencia por la tarde y alumbró ese comunicado en el que rechaza firmemente el crimen y declara «inaceptable que este tipo de acciones se pretendan justificar de alguna manera por la participación de empresas constructoras en obras de grandes infraestructuras, como el Tren de Alta Velocidad». Pero a renglón seguido se hace esa alusión comprensiva a quienes se oponen a la obra. Por si acaso.
Jueves, 04-12-08
Primero fue Lemóniz, luego Leizarán y ayer el AVE vasco. En Ignacio Uría Mendizábal, de 70 años, copropietario de la empresa Altuna y Uría, ETA ejecutó su amenaza contra el Tren de Alta Velocidad (TAV), en cuya construcción, junto a otras seis, participa la empresa del asesinado a tiros por dos pistoleros etarras. Ha sido en Azpeitia donde la banda ha perpetrado su última salvajada. Pueblo natal de Uría, esta localidad guipuzcoana es gobernada por ANV, formación que, aunque está ilegalizada por el Tribunal Supremo, también rige en Mondragón, donde fue asesinado el ex concejal socialista Isaías Carrasco el pasado 7 de marzo. Así, dos de los cuatro atentados mortales perpetrados por la banda en lo que va de año se han cometido en territorio gobernado por uno de los disfraces usados por Batasuna/ETA.
La vida de Ignacio Uría, empresario muy enraizado en su tierra, terminó a la una de tarde de ayer, en vísperas del 30 aniversario de la Constitución. Dos alimañas etarras le esperaban en el interior de un coche, muy cerca de la plaza Ignacio de Loyola y no muy lejos de la Basílica de Loyola, donde se desarrolló una de las fases de la negociación dentro del llamado «proceso de paz». El empresario, que simpatizaba con el PNV, se dirigía sin escolta al restaurante Kiruri, donde acostumbraba a reunirse casi a diario con unos amigos para jugar a unas partidas de cartas que solían durar no más de media hora. Después regresaba a su casa para comer. Pero ayer ETA, que había seguido sus costumbres y rutinas, le cambió a tiros el destino. Cuando se encontraba en el aparcamiento del restaurante, saliendo ya de su vehículo -un Volkswagen Tuareg-, los dos terroristas se le aproximaron y frente a su cara uno de los ellos abrió fuego. Realizó tres disparos. Uno se incrustó en la cabeza y otro en el pecho del empresario. Su cuerpo cayó desplomado al suelo mientras que un amigo, que caminaba ligeramente por delante de él, se quedó aterrorizado al oír los disparos. Al dirigir la cabeza hacia atrás vio el cuerpo tendido de Ignacio Uría. En ese momento, los criminales emprendían ya la huida en un Alfa Romeo robado, en dirección a Zumárraga. Mientras, un testigo entró pidiendo ayuda en el restaurante Kiruri, desde donde se llamó a la mujer de Ignacio Uría, cuyo domicilio familiar está muy cerca de este establecimiento.
Atado en un monte
Todos los esfuerzos que realizaron los sanitarios de una ambulancia de la DYA y de una UVI móvil del Servicio Vasco de Salud fueron infructuosos. Durante casi una hora estuvieron realizando maniobras de reanimación pero en ningún momento consiguieron estabilizar las constantes vitales del empresario, cuyo cuerpo fue protegido de la lluvia con una tela que, a modo de paraguas, sujetaron varios de sus amigos.
El testimonio de varios testigos sirvió para orientar el dispositivo policial de búsqueda. Todos coincidían en que los terroristas había huido en un Alfa Romeo en dirección a Zumárraga. Uno de los operativos se centró en Deva, en cuyo municipio los etarras empezaron la preparación del atentado. Concretamente fue en el Alto de Icíar, donde cuatro horas antes del crimen -sobre las nueve y media de la mañana- tres terroristas sorprendieron a un joven que iba a bordo del Alfa Romeo. Tras amenazarle e identificarse como miembros de ETA, le ataron a un árbol con los ojos vendados. Uno de los terroristas se quedó vigilando mientras que los otros dos usaron el turismo del secuestrado para dirigirse hacia Azpeitia, seguros de que ayer, como ya habían observado en días anteriores, Uría no iba a faltar a su partida de cartas en el restaurante Kiruri.
Tras acabar con la vida del empresario, los etarras volvieron sobre sus pasos. Se dirigieron de nuevo hacia el Alto de Itziar, donde prendieron fuego al Alfa Romeo para borrar huellas. Las llamas fueron avistadas por un helicóptero de la Ertzaintza, que alertó a las unidades de tierra para que se desplazaran hacia ese lugar. Se cree que los terroristas siguieron su huida a bordo del turismo en el que habían llegado a esta zona boscosa.
Mientras todo esto sucedía, el conductor secuestrado, al que colocaron unos cascos con música que pertenecían a los propios etarras, logró liberarse de las ataduras y llegar a un polígono industrial desde donde llamó a la Ertzaintza. Se espera que de su testimonio se obtenga algún dato sobre los pistoleros que han cometido el atentado. De momento, fuentes de la lucha antiterrorista apuntan que, dada la proximidad entre Azpeitia y Mondragón, los autores de la muerte del empresario -su constructura ha estado sometida durante años a la extorsión etarra- puedan ser los mismos que los del ex concejal socialista Isaías Carrasco. De hecho, hay constancia de la existencia en Guipúzcoa de un «comando», integrado por por varios «taldes» de «legales» autores de una serie de atentados aún sin esclarecer. Sin embargo, tampoco descartan por completo que se trate de un grupo trasladado de Vizcaya, ya que los «comandos» de la ETA actual no tienen un ámbito de actuación definido como hace años.
Sobre lo que no existe duda es que el asesinato de Ignacio Uría es la ejecución de la amenaza de ETA contra la construcción del TAV, como en años anteriores hizo con la central nuclear de Lemóniz, que no llegó a construirse, y con la autovía de Leizarán, cuyo trazado se cambió por las presiones de la banda. Concretamente, en su comunicado del pasado 16 de agosto, la dirección etarra volvía a fijar su punto de mira en el TAV. Los criminales señalaban que el proyecto era «ajeno a los intereses de Euskal Herria», al tiempo que acusaban a los empresarios vascos de pretender «enterrar en cemento» el proyecto independentista para garantizar los beneficios «al PNV y a sus acólitos». Además, en su último comunicado, los terroristas, pese a instar a la recuperación del pacto de Estella (Lizarra), arremetían contra el partido de Íñigo Urkullu. También Segi, cumpliendo órdenes de ETA, ha amenazado a la empresa Altuna y Uría, que tiene adjudicado el tramo Arrazua-Ubarrundia-Legutiano, de 5,2 kilómetros, con un presupuesto de 34,8 millones de euros. En un comunicado de marzo de 2007, la organización juvenil amenazaba: «Altuna y Uría, Balzola, Moya. ¡No pasaréis por el Duranguesado!».

