
Jueves, 04-12-08
MESSI no es Cristiano Ronaldo: a eso es a lo que se refiere el título, y no a las creencias religiosas del jugador del Barça. Cristiano Ronaldo, además de buen futbolista, es un figurín, y no hay más que verlo cómo se coloca ante el balón antes de tirar las faltas para comprobarlo: abre el compás, como un torero, y mira al tendido lleno de orgullo anticipado por lo que va a hacer, y a veces, todo hay que decirlo, lo hace.
En cambio, de Messi, que es más bien escasito en lo tocante a la física, nadie podrá decir que es un buen futbolista: Messi es otra cosa, otra dimensión... Está en el campo de fútbol con la misma grandeza y personalidad que John Wayne en el plano, y desde luego no necesita el orgullo anticipado porque tiene talento en los pies y en la cabeza, o de los pies a la cabeza .
Cristiano Ronaldo, que es un buen jugador de fútbol, acaba de ganar eso que se llama Balón de Oro, y que vendría a equivaler al título de mejor futbolista del año; mientras que Leo Messi, que no es un buen jugador de fútbol, sino otra cosa, un faro, un unicornio, un salmo, se ha quedado con la Pelota de Plata.
¿Cambia eso, acaso, las cosas? Pues probablemente no: Cristiano Ronaldo seguirá poniendo traza de ir a pintar Las Meninas antes de darle una coz al balón, y Messi seguirá encontrando en ese jardín del campo lugares nuevos, nunca vistos, por los que llevar la bola a su destino enredado.
El fútbol es un deporte, desde luego, pero también es una pantalla, un escaparate, y en ese escaparate ha tenido estos meses de atrás un lugar de privilegio Cristiano. Y no es que Leo Messi no tuviera sitio en la pantalla, es que el otro ya tenía cogido el centro. Vale. Balón de Oro para Cristiano, y nadie se lo va a quitar, pero él sabe, sus amigos saben, su propio equipo, el Manchester United, sabe..., todo el mundo sabe que no hay nadie ni delante ni detrás de Messi.
A Cristiano se le ve que es un futbolista de ahora en su regate: hace eso que se llama «bicicletas», una, otra, otra más..., una especie de molinillo con las piernas alrededor del balón que, además de muy moderno, suele quedar, en su exceso, entre ridículo y antiestético.
Messi no es un futbolista de ahora, sino de época, y no lo verán haciendo malabares absurdos y hueros ante los defensas: sencillamente se lleva el balón pegadito al pie, los rebasa con naturalidad, sin estridencia, sin escaparate, por el sencillo método de ser más rápido y hábil, sin vaciladas.
Otrosí: A Cristiano Ronaldo no había quien lo aguantara sin el Balón de Oro, ahora será, probablemente, una bolsa llena de presunción y resquemor. Presunción, de suyo propio, y resquemor porque sabe que, diga lo que diga el título de esto, lo cierto es que Cristiano no es Messi.
E. Rodríguez
Marchante
BARCELONA AL DÍA

