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Martes, 02-12-08
El único superviviente del comando responsable de la masacre de Bombay, el joven paquistaní Ajmal Qasab, ha confesado pertenecer al conocido grupo terrorista Lashkar-e-Taiba, que desde hace años reivindica la escisión de Cachemira. La confirmación de lo que hasta ahora era sólo una sospecha complica aún más la situación diplomática de Pakistán.
Por una parte el nuevo gobierno de Islamabad se encuentra bajo presión de EE.UU. para que persiga tanto a los talibán como a los miembros de al-Qaida en la zona fronteriza con Afganistán. El gobierno precedente trató, es un decir, de combatirlos cediendo a los jefes de clanes locales el control de la situación. Los jefes en cuestión no sólo no les persiguieron, sino que facilitaron su estancia. La complicidad de los servicios de inteligencia militares siempre estuvo sobre la mesa. Washington respondió atacando en diversas ocasiones en territorio de soberanía paquistaní, una línea de actuación defendida con vigor por el presidente-electo Obama.
Por otra parte la India ha denunciado hasta la saciedad la complicidad de sectores de las Fuerzas Armadas paquistaníes, junto con los talibán y al-Qaida, en el adiestramiento de grupos terroristas como el citado. La magnitud de lo ocurrido, la exhibición que hicieron los terroristas de adiestramiento en técnicas de guerrilla urbana y lo cerca que se estuvo de que el número de víctimas fuera mucho mayor tendrán serias consecuencias.
El Partido Popular conoce bien el problema. Perdieron a su líder, Benazir Bhutto, en un atentado islamista, del que responsabilizaron al gobierno militar por no haberle proporcionado la seguridad necesaria. Sobre esta formación recaerán las presiones para modificar la política hacia sus dos vecinos, para reformar las Fuerzas Armadas y combatir el terrorismo, sin embargo su capacidad de acción es limitada. Un exceso de presión tendría efectos perversos, pero es impensable que la situación continúe como en la actualidad.
El nuevo/viejo equipo internacional norteamericano tendrá aquí un tema capital, más aún desde que al-Qaida ha hecho de la desestabilización de Pakistán, una potencia nuclear, su principal objetivo.
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