Los análisis de ADN, de momento, tampoco implican al ex jefe etarra en el asesinato de los dos guardias civiles

Los informes de balística han descartado prácticamente que la pistola incautada al ex dirigente del «aparato militar» de ETA, Garikoitz Aspiazu, Txeroki, fuera empleada en el asesinato de los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero, perpetrado hizo ayer un año en la ciudad francesa de Capbreton.
Fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por ABC precisan que ello no significa que se descarte por completo que el jefe de los «comandos» interviniera en el doble crimen, ya que podría haber utilizado otra arma de la que luego se habría desprendido. Pero, con independencia de otros datos que las investigaciones pudieran aportar, de momento sí es un indicio relevante de que Aspiazu no está directamente implicado en aquel atentado. De hecho, la juez antiterrorista de París, Laurence le Vert, en el auto de prisión le acusaba de diferentes delitos, pero no en concreto del asesinado de los dos jóvenes agentes de la Benemérita. Esta resolución judicial, con todo, la dictó cuando aún se estaba a la espera de los resultados de balística y de las pruebas de ADN.
Respecto a estas últimas, los análisis realizados hasta el momento no han encontrado ninguna relación del resto genético de Txeroki con los recogidos en la cafetería de Capbreton, en la que coincidieron en la mañana del día 1 de diciembre de 2007 tres miembros de ETA con los dos guardias civiles que pertenecían al Grupo de Apoyo Operativo (GAO).
A los expertos en la lucha antiterrorista no les coge por sorpresa los últimos resultados obtenidos en las investigaciones abiertas por la Policía Científica, ya que, aunque no definitivas, sí coinciden con las primeras hipótesis de trabajo puestas sobre la mesa nada más prepetrarse el doble asesinato. Ya entonces, las diferentes pruebas e indicios dejados por los etarras no implicaban directamente a Txeroki. Lo que sí causó sorpresa fue la declaración de dos de los pistoleros del «comando» desarticulado recientemente en Navarra, quienes aseguraron que durante un cursillo de adiestramiento, Txeroki les confesó que él había asesinado a los dos agentes del Instituto Armado. Las pesquisas llevan camino de delatar al ex dirigente del «aparato militar» de ETA, además de como cruel terrorista, como fanfarrón para ganarse la simpatía de los aspirantes a convertirse en asesinos en serie.
Excesivas expectativas
La pasada semana, el ministro del Interior desinfló las expectativas que el propio Gobierno había generado acerca del esclarecimiento total del crimen de Capbreton, que causó conmoción tanto en Francia como en España, al señalar que la implicación de Txeroki con el asesinato de Raúl Centeno y Fernando Trapero era un tema «oscuro». Ello, sin embargo, no desmerece su captura. Hasta ahora, los dos únicos etarras detenidos por el doble asesinato son Saioa Sánchez y Asier Bengoa. Las investigaciones siguen abiertas y constituyen una prioridad.
Por otra parte, la Policía francesa no ha podido acceder, de momento, a la documentación que Txeroki tenía almacenada en un ordenador. Los agentes sólo disponen de una agenda con varias anotaciones, entre ellas varias citas que tenía previstas.


