Ingresa en prisión tras confesar que quería asesinar a su ex mujer y a su vecina, pero no a su compañera actual
Tuvo otro permiso pese a que quebró un alejamiento
El último era el permiso más largo que se le concedía, aunque había disfrutado de otros cinco; el anterior fue en agosto y no estuvo exento de polémica.
En marzo de este año durante otra salida de prisión —en todos ha tenido que presentarse a diario ante la Policía y llevar un GPS para evitar que se acercara a dos kilómetros de la casa de su ex mujer, como marcaba la orden judicial— vulneró la orden de alejamiento: entró y salió en la llamada «zona de exclusión», los dos kilómetros citados, según fuentes de Instituciones Penitenciarias. La prisión de A Lama le denegó a partir de ahí las salidas, pero Maximino recurrió al juez de Vigilancia Penitenciaria.
El reo alegó que iba en coche, acompañado de su novia (a la que ahora ha matado) y que su intención no era acercarse a su ex mujer, sino que iba a pagar un alquiler en esa zona. El fiscal y el juez le creyeron, no encontraron causa, se sobreseyó el quebrantamiento y el juez le concedió el nuevo permiso. Prisiones se los había administrado.
Maximino Couto Durán, 60 años, tendría que haber salido en libertad definitiva el próximo día 19 tras cumplir dos años, siete meses y 15 días en la prisión de A Lama (Pontevedra) por dos delitos de amenazas a su ex mujer y otro de resistencia a la autoridad. Fue condenado en 2005, aunque ya había estado en situación preventiva. Ahora se enfrenta a un delito de homicidio consumado, dos de tentativa de homicidio y al menos dos de lesiones tras matar el sábado a su novia, e intentarlo con dos de sus vecinos y un policía durante un permiso penitenciario.
La titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Pontevedra, con competencias en violencia sobre la mujer, dictó ayer auto de prisión para Maximino, quien ha reconocido ante la juez que quería asesinar a su ex esposa y a su vecina, aunque no al marido de ésta ni a su novia, Rosario Peso. Según su versión, la mató durante un forcejeo.
A raíz de estos hechos han salido a la luz una cadena de fallos, el más grave el que tiene que ver con el sistema de control del preso. Disfrutaba de un permiso de cuatro días que acababa el sábado. Horas antes de volver a la cárcel mató a su novia, que lo había recogido en la puerta de prisión como siempre y que una semana antes se entrevistó con el director de A Lama para suplicarle que le dieran el permiso aprobado hacía tiempo pero que no acababa de materializarse.
La salida más larga
A continuación fue a casa de su ex mujer, Herminia Buceta, destrozó la puerta y al no encontrarla apuñaló a sus vecinos. Las víctimas habían testificado contra él en el juicio de violencia de género, tras ser denunciado por su ex mujer y sus cuatro hijos. Herminia se libró de milagro. No podía acercarse a dos kilómetros de la vivienda de su ex; ya lo intentó en otra ocasión y por eso llevaba un GPS de localización, un dispositivo que consta de una tobillera y un emisor-receptor y que porta el interno. Si el recluso entra en la zona de exclusión -la prohibida- emite una potente señal. A las 16. 36 horas del sábado, supuestamente tras matar a su novia, Maximino se desprendió de una de las dos partes, el walkie-talkie. De inmediato, en la Unidad de Vigilancia Electrónica, situada en la Secretaría de Estado de Instituciones Penitenciarias, en Madrid, se encendió una señal luminosa en rojo que no fue advertida por los funcionarios que en ese momento controlaban el sistema, según informó ayer Prisiones. Tras varias horas de especulaciones se averiguaba que el sistema no falló; fallaron las personas, que serán debidamente investigadas, según las mismas fuentes.
Desde la cárcel a Maximino se le miraba con lupa, entre otras razones porque no mostraba ningún arrepentimiento y se negó a seguir el programa para maltratadores del centro penitenciario, que es voluntario. No ha sido un interno agresivo, aunque tomaba un antidepresivo suave y estaba obsesionado con su ex pareja porque según él quería quitarle su dinero. Algunas fuentes han señalado que en prisión eran «vox populi» las amenazas de muerte del interno contra su ex mujer, una versión que el homicida confirmó ayer a la juez al confesar que quería matarla. Prisiones niega esta versión e insiste en que no se contaba con ninguna información en ese sentido. De hecho, en la Junta de Tratamiento de A Lama, el jefe de servicio que recaba datos de todos los funcionarios votó a favor del permiso.
Maximino ingresó en prisión preventiva en 2004 tras ser denunciado por amenazas por su familia. En 2005 se le condena a los dos años y siete meses citados. «Amenazas leves con instrumento peligroso en el ámbito familiar», es uno de los tres delitos por los que se le juzga. Se dictan además dos órdenes de alejamiento y 70 días de trabajos en beneficio de la comunidad, según informó ayer el Consejo General del Poder Judicial.


