Los padres de José Manuel Cendón, fotógrafo gallego apresado en Somalia, aguardan noticias de su hijo en Santiago de Compostela. La Embajada en Kenia logró contactar con los capturadores, pero la llamada se cortó. «Realmente no sabemos si está bien», comentan.

María del Carmen Docampo Vázquez y Julio Cendón, en su casa de Santiago de Compostela / EFE
En un frenesí de comunicaciones telefónicas se ha convertido la vida de María del Carmen Docampo Vázquez y Julio Cendón, padres del fotógrafo gallego capturado el pasado miércoles junto a un compañero británico en Somalia, donde se encontraban realizando un reportaje sobre los piratas. La localización de su hijo en una zona del país ha reavivado las esperanzas de los suyos, así como el interés de los medios por conocer el estado del periodista. Pero ellos siguen esperando «la llamada».
Las fuerzas de seguridad de Puntlandia -según informa Eduardo S. Molano desde Nairobi- han detenido en las últimas horas al menos a cinco personas que estarían presuntamente implicadas en el secuestro del reportero gráfico, según confirmó ayer a la prensa Muse Gelle Yusuf, gobernador de Bari, al sureste de Bossaso. Los detenidos habrían colaborado con los secuestradores tan sólo realizando labores de apoyo estratégico, por lo que no serán juzgados como autores materiales. De igual forma, Yusuf aseguró que varias unidades de elite del Ejército se «han movilizado ya» con la intención de lograr una pronta liberación.
Según relataba ayer a ABC el padre del fotógrafo, el Ministerio de Exteriores contactó el pasado domingo con los progenitores para informarles de que la Embajada en Kenia había logrado comunicarse con los capturados, «pero la comunicación se cortó en un minuto y realmente no sabemos cómo está ahora mismo».
Cendón atendía ayer con inusitada paciencia a los reporteros. No ofreció más datos; simplemente, porque no puede. «No vamos a hacer más declaraciones, porque realmente no tenemos más novedades. Cuando las tengamos... Es lo que estoy diciendo durante todo el día a los que me preguntan por mi hijo, que no les puedo contar más», prosigue Cendón. Ni una mala palabra para nadie: «Mi hijo también sale, como vosotros, a buscar las noticias; no me gustaría que nadie quisiese «no hablarle»», dice.
Su esposa refrenda la tesis de su marido. De hecho sí están dispuestos a hacerse cuántas fotos sean necesarias y a dar toda la información adicional que se les requiera. «Pero es que ahora no podemos decir nada más, porque simplemente no tenemos información más allá de lo que ya se sabe», relata la abnegada madre. Ella cuenta que su vástago es intrépido, audaz y valiente. Y asume que, los más osados, «también caen» en ocasiones. Puntualiza que es un profesional seducido por el riesgo al que siempre le ha gustado estar en «esos espacios donde hay peligro».
«Puede ir para largo»
«No me atraen los sitios que marchan bien», confirmaba él mismo hace dos años, cuando recibió el premio World Press Photo por una cruda instantánea de un enfermo en un hospital psiquiátrico de Burundi. El fotógrafo, de 34 años, sigue retenido en la región montañosa de Puntlandia, a 30 kilómetros al este de Bossaso, una zona montañosa y de difícil acceso que dificulta el rescate y obliga a extremar precauciones.
La familia no espera que el secuestro se vaya a resolver en breve: «Puede ir para largo», expresaba ayer la hermana del fotógrafo, Julia Cendón, que dice de él que de una forma u otra «siempre está en el centro de la noticia». La familia extrema las precauciones y justifica por motivos de seguridad la parquedad en las explicaciones de Exteriores: «En Inglaterra no están diciendo absolutamente nada para no interferir en la situación», precisa. La posibilidad de acceder, vía satélite, a internet desde cualquier punto del planeta es una clara ventaja para los captores.

