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El mes de diciembre aparece como el último retal de esperanza para el sector del automóvil, antes de un enero que será el más duro de los últimos años y después de un 2008 en los que las ventas no han hecho sino caer: sólo en noviembre retrocedieron un 50%
Navidad, última ilusión
Miles de coches esperan las ventas que este año no han llegado / ABC
Lunes, 01-12-08
Es difícil encontrar optimismo en un sector como el del automóvil, que aparece en estos días como el más castigado por la crisis, junto con el de la construcción. Si se tiene en cuenta que las ventas de turismos y todoterrenos en España cerrarán noviembre con una caída próxima al 50 por ciento -la segunda mayor de la historia, sólo superada por el desplome del 51 por ciento experimentado por el mercado en enero de 1993-, el último mes del año, diciembre, se muestra como el único que puede mover a ilusión dentro de la depresión general.
Con la llegada de la época navideña suelen adelantarse muchas ventas -se registran automatriculaciones de los concesionarios e incluso de las propias marcas- que podrían empujar el mercado hacia arriba. Sin embargo, al haber sido 2008 un año atípico es probable que hasta el habitual efecto de las Navidades se modere esta vez.
Un 25 por ciento menos
Según las previsiones de las principales organizaciones del sector, el mercado automovilístico cerrará este año con un retroceso del 25 por ciento, aunque, de confirmarse las previsiones, la caída ya sería superior en los once primeros meses del año.
Ante este panorama negativo, sólo cabe abrazarse a la ilusión y celebrar la remodelación del Plan Vive. Era la patronal canaria, Fredica, la que esta semana pasada saludaba como «acertadas» las modificaciones acometidas a este plan por parte del Gobierno, puesto que «ahora sí ofrece algunas ventajas al cliente, al ser más flexible y aumentar el número de vehículos potenciales que se pueden acoger a las ayudas y subvenciones».
Según Antonio Armas, presidente de Fredica, es razonable estar satisfechos, «puesto que ahora el programa sí contempla algunas medidas que favorecen la renovación del parque automovilístico», si bien se mostró «precavido» en predecir sus resultados a medio plazo.
Sucede que a las caídas en las ventas se suma la entrada en vigor del Impuesto de Matriculación que penaliza a los vehículos de mayor tamaño y que fuerza los números hacia abajo en el capítulo del precio pagado por el consumidor. Sumado a la retracción y la falta de liquidez, la consecuencia es un acusado descenso del precio medio.
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