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Domingo, 30-11-08
ES evidente que algunos departamentos salen perdiendo a la hora de sufrir las consecuencias del recorte presupuestario. El caso más llamativo afecta al Ministerio de Defensa. Una vez más, las promesas retóricas del presidente del Gobierno no sirven para nada y la cruda realidad para las cuentas públicas de 2009 amenaza la operatividad de las Fuerzas Armadas. ABC publica hoy un informe en el que se hace referencia a un recorte global del ocho por ciento, que para el capítulo VI (inversiones y mantenimiento) alcanza hasta el 26,69 por ciento. En la práctica, esto supone que habrá menos dinero para elementos básicos como combustible y electricidad, que se retrasa la modernización prevista de las fragatas, se da de baja a varias patrulleras y se opta por el alquiler -no por la compra- de misiles. Como es notorio, todo ello causa un perjuicio objetivo a la eficacia de las funciones atribuidas a la Armada, así como a la formación del personal, puesto que se reducen las horas de entrenamiento en alta mar y se implanta a bordo un sorprendente modelo de jornada continua. También habrá menos horas de vuelo para el entrenamiento de los pilotos en el Ejército del Aire, lo que supone una merma evidente en su aprendizaje técnico.
La decisión al más alto nivel de recortar los gastos en Defensa ha pasado por encima del liderazgo de Carme Chacón en la valoración de los ministros, confirmada por la reciente encuesta del CIS. Debe tenerse en cuenta que los recortes afectan a cuestiones básicas de inversión y desarrollo, con lo cual estas decisiones coyunturales influirán de forma negativa en futuros ejercicios presupuestarios. Mientras aumentan las exigencias para las misiones en Afganistán o en Somalia, las Fuerzas Armadas sufren una discriminación injustificada respecto de otros departamentos con escasas competencias de gestión y que sobreviven a base de ocurrencias. En la Moncloa no han querido ser sensibles a las necesidades de Defensa, a pesar de la influencia de la ministra en el seno del Ejecutivo, de manera que han salido mejor parados otros departamentos ministeriales con muchas menos competencias y muy escasa valoración en la opinión pública, como es el caso de Vivienda o Igualdad. A Rodríguez Zapatero le gusta presumir en los foros internacionales de nuestras unidades en el exterior, incluso se inventó la Unidad Militar de Emergencia. No obstante, parece poco dispuesto a otorgar a las Fuerzas Armadas la importancia que merecen y, por tanto, los instrumentos que necesitan. Si los buques de guerra tienen menos combustible del necesario y los radares de los aviones no se modernizan, difícilmente podrán los Ejércitos cumplir con rigor las funciones que tienen atribuidas. Los Presupuestos Generales del Estado para 2009 nacen ya lastrados por su falta de adaptación a la realidad de la crisis, según reconoce una y otra vez el propio vicepresidente económico. Es muy grave que, además, no tengan en cuenta las prioridades de una auténtica política de Estado como se demuestra con el dato de que Defensa es el único Ministerio inversor que sufre un fuerte recorte en este terreno.
Queda claro de nuevo que una cosa es predicar y otra dar trigo. En la legislatura actual, Rodríguez Zapatero pretende adornar su imagen con una mayor presencia diplomática y militar en el exterior, porque ha entendido por fin que la presencia de España en el mundo depende de su capacidad para hacer frente a los desafíos que se plantean en nuestro tiempo. Como suele ocurrir con los políticos que viven pendientes de la imagen, no sabe o no quiere saber que la propaganda es perfectamente inútil cuando no va acompañada de un trabajo serio y riguroso. Carme Chacón le ha tomado el pulso a su Departamento, pero no podrá desarrollar su compleja tarea si los Ejércitos carecen de los medios imprescindibles para una gestión eficiente de sus recursos humanos y materiales.
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