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Colonial y Metrovacesa se encuentran en el filo de la navaja, acuciadas por las deudas y con activos en venta que no encuentran comprador. Y ambas comparten la raíz del problema: el endeudamiento de su accionista de control salpica a la empresa.
Colonial admite tener riesgo de insolvencia si no logra colocar a un precio razonable su participación del 15% en FCC, un 33% de la francesa SFL y la totalidad de su filial de centros comerciales, Riofisa, o buena parte de los activos de ésta. Curiosamente, se lo ofrece a la banca acreedora.
Lo más llamativo es que Colonial ya está en manos de los bancos acreedores -pero de su mayor accionista-, que asumieron la gestión para evitar la insolvencia total de la empresa por causa de la incapacidad de Luis Portillo para pagar la deuda en que había incurrido para hacerse con el control de la propia Colonial.
Sin embargo, los bancos no pueden hacer maravillas y la evolución de los acontecimientos en el sector está dificultando sobremanera el futuro de Colonial ya que, a su vez, la empresa mantenía un fuerte endeudamiento procedente de la agresiva toma de participaciones en otras empresas.
En FCC tomó el 15% del capital a más del doble del precio al que ahora mismo vale en Bolsa, y en el caso de Riofisa compró la totalidad para realizar una fusión. Otra vez, compró en la parte más alta del ciclo y ahora se revela un precio carísimo. En el caso de SFL, de la que también quiere vender un 33%, el problema deriva de un cambio legislativo en Francia que obliga a quienes quieran disfrutar del régimen fiscal especial, a rebajar su participación por debajo del 60% del capital.
Por su parte, Metrovacesa ultima una «solución al estilo Colonial», por la que los bancos acreedores capitalicen sus créditos y acepten activos a cambio de la deuda que mantiene su principal accionista, la familia Sanahuja, al tiempo que ha puesto a la venta su «activo estrella», la torre londinense del HSBC, al no poder afrontar el pago del crédito con que financió la compra y cuyo plazo venció el pasado jueves.
El crédito era con el propio HSBC, que además se comprometió a permanecer como inquilino en la torre durante los próximos 20 años. La entidad se ha negado hasta ahora a refinanciar la operación y Metrovacesa asume que perderá casi 100 millones de euros por la depreciación del activo, al tiempo que pide a HSBC que acepte cualquier propuesta de refinanciación del crédito que pueda aparecer. Esta petición viene derivada de otra negociación que mantiene con los bancos, que es la deuda de su principal accionista, la familia Sanahuja, que llevará, como informó ayer ABC, a que cada uno de los seis principales bancos acreedores tome una participación del capital del 9%, con lo que sumarán la mayoría del capital.
Fuentes financieras subrayaron ayer que el acuerdo existe, pero que está condicionado «a que no haya sorpresas en las cuentas», ante lo que se estaría realizando una auditoría de urgencia, porque el plazo para ejecutar el acuerdo vence el próximo domingo.
Estas fuentes subrayaron, no obstante, que «es impensable que haya grandes sorpresas porque los acreedores conocen la compañía casi tan bien como sus propios gestores».
Esta entrada en el capital por parte de los acreedores aliviaría la presión sobre la compañía que, al menos, vería alejarse la posibilidad de que los bancos comenzaran a ejecutar garantías y el proceso entrara en barrena.
Por su parte, los bancos se resarcirán de la deuda de la familia Sanahuja con otros mil millones en activos inmobiliarios procedentes de Cresa y Sacresa, además de las acciones de Metrovacesa.
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