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Lori Drew, llegando, ayer, a los juzgados. En el recuadro, su víctima: la niña de trece años Megan
POLÉMICA
ANNA GRAU CORRESPONSAL
NUEVA YORK. Lori Drew, una mujer de Missouri de 49 años de edad, se enfrenta en Los Ángeles a una posible condena de 3 años de cárcel y a una multa de 300.000 dólares por haber creado una identidad falsa en Myspace desde la cual atormentó a Megan Meier, una adolescente de 13 años que se acabó suicidando en octubre de 2006. El caso ha dividido al tribunal y a la opinión pública norteamericana, que no sabe aún muy bien cómo castigar los nuevos crímenes virtuales.
Los hechos son: Lori Drew, su hija Sarah, que entonces tenía 13 años como la víctima, y una amiga de la familia decidieron darle una «lección» a su vecina Megan Meier, que consideraban que no se había portado bien con Sarah. Crearon por Myspace una identidad falsa, un chico de 16 años al que llamaron «Josh Evans». Obtuvieron ilegalmente información de la cuenta en Myspace de Megan y lanzaron a «Josh» al ataque.
Tras un tiempo prudencial de cortejo electrónico, «Josh» empezó a mandar a Megan mensajes hirientes. El último decía: «El mundo sería un sitio mejor sin ti». A lo cual ella respondió: «Tú eres la clase de chico por el que una chica se mataría». Esa misma tarde se ahorcó en su habitación.
Dos años después los hechos se han juzgado entre una enorme controversia. El caso ha estado lleno de irregularidades y puntos oscuros. La policía de Missouri interrogó a Lori Drew, pero la dejó ir por considerar que no había vulnerado ninguna ley. Después, el fiscal de Los Ángeles, Thomas O´Brien, decidió reabrir el caso por su cuenta.
Condena experimental
Lori Drew llegó ante el tribunal acusada de delitos gravísimos que podrían significar 20 años de cárcel. Al fin estos cargos se han desestimado y se la inculpa sólo de faltas menores, como el robo de información personal por internet. Y para eso se intenta conseguir una ejemplar condena máxima que algunos letrados consideran experimental y abusiva. Incluso hay quien acusa al fiscal O´Brien de promover todo esto por el bien de su carrera.
En el meollo del asunto está que nadie duda de la responsabilidad moral de Lori Drew en el suicidio de Megan Meier, pero a la vez nadie sabe determinar la responsabilidad penal. No está claro quién mandó exactamente cada mensaje ni hasta qué punto el acoso por internet equivale a incitación al suicidio. Sí ha quedado claro que aquí se abre una caja de Pandora sobre la culpa virtual.
No ha ayudado nada a su causa el aspecto ni la actitud de Lori Drew durante el juicio, mostrando nulo arrepentimiento, cero emoción y cara de pocos amigos. Más comprensible para la opinión pública resulta la tensión de la madre de la víctima, Tina Meier, quien sobrellevó el veredicto con una entereza amarga. «Este día no es peor que aquel en el que encontré muerta a Megan», declaró, «y no busco venganza, sino justicia; si la encuentro, habrá valido la pena cada una de las horas que he pasado sentada en esta sala».