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Los obispos creen que el fallo «no favorece la convivencia»
Martes, 25-11-08
«La erradicación de los símbolos religiosos tan arraigados en nuestra cultura no favorece la convivencia». Así de contundente se mostró ayer el cardenal arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, después de que un juzgado de Valladolid ordenara su retirada de un colegio público de la capital castellanoleonesa al considerar que vulneran los derechos fundamentales.
Durante la inauguración de la Asamblea Plenaria de los obispos, el cardenal explicó en un breve encuentro con la Prensa que «lo importante no es tirar por la borda los signos, sino ayudar a las personas a respetarlos sean de la religión que sean». También se mostró crítico con el apoyo que a veces reciben algunos sectores minoritarios en una sociedad donde «se habla mucho de la decisión de las mayorías» y reclamó que «se escuche a todos». «Las medidas drásticas no educan a las personas», advirtió el prelado, al tiempo que recordó que «la convivencia se construye con el respeto y no tirando por la borda lo que es riqueza cultural de un país».
Otro dos temas de actualidad centraron el inicio de esta Plenaria: la crisis económica y la Ley de Memoria Histórica. A ellos, se refirió el presidente de la Conferencia Episcopal (CEE), el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en su discurso de apertura de este encuentro que tiene entre sus cometidos elegir al nuevo secretario general, cargo que actualmente ostenta el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino.
En su primer mensaje a los obispos, desde que fuera elegido en marzo presidente de la CEE, el cardenal hizo especial hincapié en los orígenes morales de la actual debacle económica al preguntarse si en los últimos tiempos «la vida económica no se ha visto dominada por la avaricia de la ganancia rápida y desproporcionada a los bienes producidos» o «si el derroche y la ostentación, privada y pública, no han sido presentados con demasiada frecuencia como supuesta prueba de efectividad económica y social». Ante esta situación en la que «los más débiles se encuentran expuestos a cargar con el precio de las consecuencias», Rouco hizo un llamamiento no sólo a «reactivar la solidaridad» sino también a «ir más allá de la justicia conmutativa o redistributiva y llegar a la justicia social».
Evitar las confrontaciones
En este contexto de crisis, el cardenal también lamentó el debilitamiento que sufre la familia, «escuela primera y básica de la solidaridad». «Cuando la familia -alertó- no recibe el apoyo cultural, social y legal adecuado, se están cegando las fuentes de la savia moral del ciudadano actor del orden social justo».
Siguiendo la línea de lo que viene defendiendo la CEE desde la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, Rouco incidió ayer no sólo en la necesidad de cultivar «la reconciliación y el perdón», sino también en mantener una actitud de vigilancia «para evitar de raíz actitudes, palabras, estrategias y todo lo que pudiera dar pábulo a las confrontaciones que puedan acabar siendo violentas». «A veces es necesario saber olvidar. No por cobardía, sino en virtud de una voluntad de reconciliación», insistió.
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