Barack Obama estudia hacer frente a la crisis con recortes fiscales históricos, muchos más de los que el mismo Obama prometió en campaña. Su promesa era bajar los impuestos al 95% de las familias y a todas las rentas por debajo de los 250.000 dólares anuales.
Ahora no sólo se plantea incrementar estos topes sino que, además, tiene la intención de respetar los recortes fiscales para las grandes fortunas y corporaciones introducidos por George W. Bush en el año 2001 con fecha inicial de caducidad en 2010.
Los republicanos llevan meses tratando de convertir estos recortes en permanentes. Obama llevaba en su campaña la propuesta contraria: no esperar hasta 2010 para volver a subir los impuestos a los «ricos» y bajárselos a los «pobres». La crisis podría llevarle a reconsiderar esta promesa.
Si Obama se limita a no hacer nada, a partir de 2011 los tributos ahora suspendidos volverán a afluir a las arcas públicas sin necesidad de que los demócratas tengan que votar ninguna iniciativa en este sentido. Hay que tener en cuenta el panorama: directivos de Citigroup negocian una posible salvación gubernamental del banco mientras ejecutivos de General Motors empiezan a darle la espalda a su presidente, Rick Wagoner, y a asumir un expediente de quiebra como única salida para su empresa. No es un buen momento para exprimir a nadie, ni siquiera a los ricos.
Los dos años de moratoria fiscal para las rentas altas podrían convertirse en cambio en moneda de cambio para garantizar el apoyo republicano al ambicioso paquete de estímulo económico directo que los demócratas quieren aprobar coincidiendo con la toma de posesión del nuevo presidente.
«El presidente Obama hará todo lo que sea necesario para salvar la economía», aseguró su fiel escudero David Axelrod ayer, en un intento de reforzar la credibilidad del plan para crear 2,5 millones de empleos en dos años anunciado el día antes por el presidente. Obama pretende que eso es posible invirtiendo en obras públicas e investigación energética, situando el gasto público como gran motor de la economía. El problema es que eso se plantea en el contexto de un déficit público monstruoso.