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Los expertos ni de lejos otean la posibilidad de que la banda decida su autodisolución. Pero no descartan, nunca a corto plazo, que la presión policial acelere una escisión que deje a Aitzol Iriondo al mando de una partida de bandidos en vías de «grapización»
«Txerokis» contra veteranos
Dos pistoleros etarras, encapuchados, agitan el emblema de la banda terrorista
Domingo, 23-11-08
¿Hay algún dirigente veterano en la banda que pueda convertirse en un «Pertur-2», capaz de enfrentarse, esta vez con suerte, a los nuevos «bereziak» dirigidos por Aiziol Iriondo, y finiquitar ETA-organización del crimen? Los expertos creen que sólo el acoso sin tregua puede hacer posible lo que hoy es casi ciencia ficción: una escisión de envergadura que deje a los etarras con perfil de «Txeroki» reducidos a un «graposcolo» a la deriva.
La ETA post-proceso cuenta con una versión actualizada y «mejorada» de aquellos «comandos bereziak» que en la década de los setenta rechazaban cualquier amago de diálogo para poner poner fin al terror, al estilo de los Jemeres Rojos de Camboya. Cazado Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», la réplica de los «Antxón», «Pakito» y «Apala» -responsables de la desaparición y muerte de «Pertur»- la encarnan hoy, entre otros, Aitzol Iriondo, «Gurbitz»; Eneko Zarrabeitia Salterain, «Sorgin»; Jurdan Martitegi Lizaso, «Sherpa»; Asier Borrero Toribio, «Arrautza»; Aitor Artetxe Rodríguez, «Baserri»; Oyan Barandain Goñi, «Guatekes», y Bihotz Cornau Arnáez.
Todos ellos han ido adquiriendo el perfil de terroristas a la imagen y semejanza de «Txeroki». No sólo tienen vocación de pistoleros, sino que ambicionan el asalto en tiempo récord a la dirección de la banda. Después de apenas año y medio en un «comando», se creen con el mérito suficiente para hacerse con un puesto en el organigrama, cuando no en el mismísimo «zuba» (comité ejecutivo). Manejan el manual de «cómo hacerse pistolero en tres días» -duración de los cursillos-, pero carecen de una «guía de la negociación», porque no está en sus planes plantear un diálogo con el Gobierno, ni tan siquiera para imponer en una mesa sus reivindicaciones. Practican el terror por el terror.
Pero, ¿esa misma ETA post-proceso tiene su propio «Pertur»? De momento, parece que no. Pero la incipiente lucha interna que los Servicios de Información antiterrorista comienzan a detectar en la jefatura de la banda dan pie a un moderado optimismo.
Por lo pronto, no parece probable que el grupo de los veteranos -integrado, entre otros, por José Luis Eciolaza, «Dienteputo»; Juan Cruz Maiztegi, «Zulos»; Eusebio Arzalluz, «Paticorto»; Miguel Ángel Gracia, «Migeltxo»; Santiago Zapirain, «Kaiku»; Federico G. Palacios, Izaskun Rekalde, o María Jesús Elorza- deje a los etarras de última generación hacerse con las riendas de la banda sin antes plantar encarnizada batalla. Muchos de ellos han desembarcado en los últimos años en la dirección de ETA, procedentes de distintos países de América, para sacar a flote una banda que los etarras de última generación han llevado a la deriva, al «peor momento de su historia», como reconocería desde prisión «Pakito». ETA no son sólo los «comandos», sino un entresijo de tramas políticas -Batasuna, Ekin, Segi-, financieras -empresas tapadera- ... y los veteranos no van a permitir que caiga bajo el monopolio de los recién llegados.
Aunque los veteranos son menos sanguinarios que los hombres de «Txeroki», su estrategia sigue siendo la cruel acumulación de fuerzas: esto es, apilar cadáveres sobre la mesa con el objetivo de forzar al Gobierno de turno a una negociación política. De hecho, en un proceso asambleario celebrado a principios del pasado verano, unos y otros coincidieron en la necesidad de incrementar la ofensiva terrorista.
Lo que espera el Gobierno
Pero es en este sector de veteranos donde el Gobierno tiene esperanza de que surjan algunos cabecillas capaces de liderar un movimiento que concluya, si no en una desaparición de la banda, sí en una escisión de envergadura que buscaría salvar los restos de Euskadi ta Askatasuna con un nuevo proceso, pero sin las interferencias de «Txeroki» y su tribu. Una escisión similar a la que vivió ETA-pm a principios de la década de los ochenta. De ella surgieron la VII asamblea, con el objetivo de hacerse el «hara-kiri» para convertirse en un partido, y la VIII asamblea, convertida en un grupúsculo que tuvo que entregarse a las garras de la actual ETA para sobrevivir. En cualquier caso, es una hipótesis de trabajo que los expertos no se la plantean a para corto plazo. Pero para vislumbrar el fin del terrorismo hay que mirar al lejano horizonte.
Por oportunismo
Sería, en todo caso, una escisión forzada por razones de oportunismo, no éticas. En este grupo de veteranos hay cansancio al constatar, desde la propia experiencia, que tantos años de terror no han servido para nada.
Obviamente, las Fuerzas de Seguridad seguirán persiguiendo a todo terrorista de ETA, pero también es cierto que la neutralización de los herederos de «Txeroki» y la de los veteranos alineados en los sectores «duros entre los duros» podría facilitar, aunque sea a largo plazo, la aparición de un «Pertur-2». «El combate contra el terrorismo debemos librarlo también en las entrañas de ETA, provocando contradicciones, tensiones y luchas por el poder que favorezcan a los más pragmáticos», comenta a ABC un agente antiterrorista.
En este punto, ¿está realmente «Josu Ternera» a la espera de una nueva oportunidad, una vez retirados de la circulación «Thierry» y «Txeroki», sus contrincantes durante el proceso de negociación?
Que se sepa, ni le echaron del equipo negociador sus compañeros ni se fue. Simplemente se quitó de enmedio cuando comprobó que no controlaba la situación y temió que la deriva del proceso acabara por arrastrarle. Desde hace más de un año no hay pistas sobre él. ¿Lo acoge algún país europeo o centroamericano para, llegado el caso, rehabilitarlo como negociador? ¿Encontraría el apoyo de José María Zaldúa, «Aitona», que en 2002 se desplazó desde Uruguay a Francia para incorporarse a la dirección, aunque tres años después se tomó unas vacaciones hastiado de la actividad terrorista? ¿O el de Faustino Estanislao Etxaburu, «Txapu»?
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