Junto a ellos, se encuentran los tres miembros del «comando Elurra»

Viernes, 21-11-08
El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz está ultimando el auto de procesamiento por el atentado de la T-4 de Barajas, que tuvo lugar el 30 de diciembre de 2006, cuando el Gobierno mantenía abierto el proceso de negociación con ETA. De hecho, 24 horas antes de esta acción criminal, que se cobró la vida de los inmigrantes ecuatorianos Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, el presidente del Gobierno hizo una valoración muy optimista sobre el estado de sus contactos con ETA.
Según ha podido saber ABC, el magistrado, que previsiblemente hará pública su resolución la próxima semana, procesará por los delitos de asesinato, estragos y detención ilegal a cinco terroristas. Se trata del recientemente detenido jefe del «aparato militar» de la banda, Garikoitz Aspiazu «Txeroki», su «lugarteniente» Joseba Araníbar, y los miembros del «comando Elurra» Mikel Sansebastián Gaztelumendi, Mattin Sarasola Oyarzabal e Igor Portu Juanena.
«Tregua-trampa»
Previsiblemente, Pedraz se basará en las declaraciones de Sarasola, quien colocó y activó el coche-bomba en el aparcamiento del aeropuerto, para procesar a «Txeroki» y a Araníbar, a quien el etarra atribuyó la formación del «comando Elurra». Además, Sarasola reconoció que el atentado de Barajas fue planificado tan sólo tres meses después de que la banda declarara su «tregua-trampa», el 24 de marzo de 2006. Previsiblemente, el juez atribuirá al jefe de la «aparato militar» y a su «lugarteniente» la planificación del atentado, aunque fue este último (Araníbar) quien habría dado la orden directa al «talde» formado por Portu, Sarasola y Sansebastián.
El delito de detención ilegal responde a que para la comisión del atentado se utilizó una furgoneta que fue robada en Messanges (Francia). Sus propietarios, una familia de Orio (Guipúzcoa), permanecieron retenidos durante unas horas para evitar que avisaran a las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Montada ya la bomba en el vehículo, Sarasola, que iba al volante, se dirigió a Madrid, y antes de entrar en el aparcamiento de la T-4, dejó programada la activación de la carga. A continuación, se puso una mascarilla y, apoyado en dos muletas, abandonó el estacionamiento por la salida de emergencia. De esta simulación se tuvo conocimiento tras la detención de Sarasola, por su propia declaración, que quedó luego ratificada cuando se visionó una de las grabaciones efectuadas aquel día en el aeropuerto. En efecto, en las imágenes aparecía un individuo con las características descritas por el propio terrorista.
Este etarra no sólo responsabilizó a «Txeroki» y a Araníbar de la planificación del atentado, sino que reveló que su compañero de «comando» Igor Portu fue quien se encargó de avisar a los bomberos de Madrid de la colocación de la furgoneta-bomba en el aparcamiento. Cuando Portu fue detenido se negó a someterse a una pericial acústica para comprobar la acusación efectuada por su compinche. No obstante, el juez previsiblemente también atribuirá a Portu la autoría de esa llamada.
Además de llevarse por delante la vida de los dos ecuatorianos, la tremenda explosión en el aparcamiento de la T-4 (quedó prácticamente destruida) causó cerca de 70 heridos y daños en unos 250 vehículos. Estas cifras se verán reflejadas en el auto de procesamiento con vistas a la exigencia de responsabilidades civiles.
Según Sarasola, los encuentros de los miembros del «comando Elurra» se producían en el lago Sampere de Francia y en varios puntos de Navarra.
Con posterioridad al atentado de Barajas, el «comando Elurra» volvió a Madrid. Lo hizo el 1 de diciembre de 2007, el mismo día que fueron asesinados en Capbreton (Francia) los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero. Precisamente hace unas semanas, dos detenidos del «comando Nafarroa» revelaron que el propio «Txeroki» les confesó que había participado en ese atentado cometido en el país vecino.
Ese día, a punto de cumplirse un año del atentado de la T-4, sus mismos autores estacionaron un vehículo que habían alquilado en Irún en un aparcamiento en superficie situado en el Paseo de la Castellana de Madrid, al lado de unos grandes almacenes. El objetivo era perpetrar un atentado en esa zona, según señaló el ministro del Interior.
No era ésta la única acción que Araníbar habría encargado al «comando Elurra». A principios de 2007, les ordenó la comisión de otro en Castellón. Se cree que se iba a cometer en la localidad de Oropesa del Mar, aunque en su declaración Sarasola no llegó a revelar el lugar. Lo que sí dijo es que Igor Portu y Joseba Iturbide (no estará procesado en la causa del atentado de la T-4) iban en la furgoneta-bomba mientras él conducía un automóvil. Antes de llegar a Oropesa, decidieron pasar la noche en un campo. La presencia de la furgoneta en ese paraje levantó las sospechas de un ciudadano que avisó a la Guardia Civil. Los agentes inspeccionaron la zona, e incluso llegaron a iluminar con sus linternas el interior del vehículo, pero no vieron a nadie. No obstante, los etarras estaban dentro, y al verse descubiertos, abandonaron la furgoneta, que luego estalló.


