Valoración:
Manifiesto para un juez desinhibido

Acto matinal en lo más alto del Círculo de Bellas Artes de Madrid para la puesta de largo del manifiesto «Hemos conocido la noticia», en defensa de la «memoria histórica» y de la ejecutoria última del juez Baltasar Garzón en este terreno fangoso. Hubo lo previsible y más: letanía de guitarra a cargo de Paco Ibáñez, empecinamiento maniqueo (en la guerra sólo hubo «buenos republicanos» y «genocidas fascistas») y hasta un esbozo de auto de fe (de la fe «progre») oficiado por Cristina Almeida, quien, sin rebozos, se mostró partidaria de echar a una pira los libros que no le gustan.
Pero el desliz retórico más chocante lo protagonizó, inefable, Ian Gibson, quien, con pretendida sagacidad, invirtió la carga de la prueba al catalogar el último auto del juez Garzón como «la mejor novela de los últimos años». Para que nada faltara, la escritora Fanny Rubio, locuaz, declaró a Gibson «familia de Federico García Lorca», en un ejercicio lírico de hermanamiento entre el historiador y el poeta que fue muy celebrado por la concurrencia.
Bardem, en su casa
Clamorosa ausente, Pilar Bardem se quedó en casa (enferma) y la abogada Almeida se había caído de la cama, accidente doméstico nocturno por el que compareció magullada pero pletórica, reanimada en el trayecto a la rueda de prensa -dijo- «por un taxista animoso».
Tal cúmulo de infortunios no aplacó la voz de los promotores del texto (una vez más artistas, escritores e intelectuales escorados a la izquierda), movida por el empeño de que el tren de las exhumaciones no entre en vía muerta. Con estación de salida en 20-N, la iniciativa llegará a su destino el próximo 14 de abril, aniversario de la Segunda República. Es la fecha escogida por los inspiradores de la idea para entregar al Gobierno las firmas que se recojan a partir de ahora y a lo largo de los próximos meses en favor de la causa.
Tras una difícil y lenta digestión del último auto de Garzón, quienes han alentado la remoción de la «memoria histórica» no sólo no se suman a las voces críticas en contra del magistrado por su desconcertante ejecutoria de los dos últimos meses, sino que concluyen, a beneficio de parte, que el juez «no se ha inhibido, sino que se ha desinhibido». Así, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, abundó en este juego semántico y en el de que, con su último auto, a Garzón le cuadra muy bien su cualidad de juez instructor «porque el texto instruye muy bien» sobre la represión franquista. Ahí fue donde se desató Gibson, quien proclamó que los 156 folios de la resolución del magistrado constituyen «el libro más apasionante que he leído en los últimos años. Es una novela policíaca. Un trabajo escalofriante y bien hecho».
Complementariamente, los elogios de corte literario a la última producción del Juzgado de Instrucción número cinco de Madrid se reforzaron con argumentos jurídicos. Cristina Almeida y Emilio Silva explicaron que, pese al desconcierto que el auto produjo en un primer momento en las asociaciones de recuperación de la memoria histórica, una vez reposado su contenido, todas ellas calibran que ha sido un acierto. Estiman que Garzón ha logrado que no se desactiven las actuaciones al rechazar la competencia y transferirla a los Juzgados territoriales. Porque creen que, si no se hubiera puesto la venda antes de la herida, las averiguaciones vinculadas a las exhumaciones habrían sido frenadas en seco por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.
Contra el «negacionismo»
Los intervinientes insistieron en que en España ha llegado el momento de la «reparación» y la «justicia» para las víctimas de las 114.266 detenciones ilegales contabilizadas por Garzón, y de instar a que el Gobierno actúe con determinación y «no subcontrate esa obligación a las familias». Además, están engrasando ya la apisonadora revisionista: Cristina Almeida creyó digna de consideración la idea de legislar contra los negacionistas del «genocidio franquista», al estilo de lo aplicado a todo lo referido a los nazis.
El balance de un acto con más adhesiones ausentes (Saramago, Gamoneda, Sábato, Goytisolo, Caballero Bonald o Suso de Toro) que presencias notorias (además de Almeida, Rubio, Gibson y Paco Ibáñez ocuparon la mesa presidencial el payaso Leo Bassi, Jordi Dauder y Santiago de Córdoba) se saldó con juegos de palabras y de intenciones: «El día en el que enterramos al dictador queremos desenterrar a los que él enterró». Garzón les ha entregado la pala.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...