Martes, 18-11-08
Como prueba de que los problemas de la economía española no se deben exclusivamente a la crisis del sistema financiero internacional, sino que incluso son anteriores al colapso de los mercados, la quiebra del grupo inmobiliario Tremon -incapaz de afrontar una deuda próxima a los mil millones de euros- revela con toda crudeza la situación. La crisis del sistema inmobiliario español tiene que ver poco con las «subprime», pues el declive del sector de la construcción tiene sus orígenes en el desmesurado crecimiento durante años del denominado negocio del «ladrillo», término que sintetiza la fiebre especulativa que marcó una época sin control y bajo la premisa del dinero fácil. Convertido en motor del crecimiento, la construcción fue víctima de su propia avaricia y la intensidad de su caída es ahora proporcional a sus excesos. En España hay una crisis endógena, de características particulares, que se complica aún más con el temporal financiero para configurar un escenario complejo y de gravísimos efectos en el empleo. Por eso se equivoca el Gobierno si pretende tapar las miserias propias bajo el paraguas de la crisis mundial, como si la cumbre de Washington fuera a resolver el problema que afecta a los trabajadores de la construcción, un sector donde los afectados por expedientes de regulación de empleo han aumentado un 362 por ciento en relación con 2007. Esta crisis «made in Spain» no se resuelve con recetas globales, pues estamos ante un problema nacional.

