La cúpula diseñada por Barceló presidirá las reuniones de la Sala XX del Palacio de la ONU en Ginebra /EFE/Salvatore Di Nolfi
Actualizado Miércoles, 19-11-08 a las 02:12
Un gasto de renovación de la sala de la ONU, que sus propios técnicos estimaron en 4 millones según ha sabido este diario, España ha tenido a bien quintuplicarlo. La propia asignacion del artista, que debía inmortalizar el proyecto presidencial de una Alianza de Civilizaciones, era ya de hecho muy superior a tal presupuesto, con o sin la comisión de su galerista. Pero el día de la feliz inauguración ginebrina, ministerio, artista y fundación seguían pasándose lastimosamente la pelota sin presentar un papel. Tras el acto cancelaron incluso su encuentro con la prensa.
Si no es al gusto en todo caso es al gasto del contribuyente. “Sin juzgar la obra” el historiador del arte Delfín Rodríguez se escandaliza dadas las carencias “de supervivencia de museos y patrimonio, bueno, a excepción de las joyas de la corona” en referencia a lo más visible y mimado; de modo similar lo hacían ayer diplomáticos, citando las escaseces de presupuesto en el propio servicio exterior o en cooperación y desarrollo. Personas y empresas ligadas a la fundación patrocinadora Onuart, que preside el ministro Moratinos, dicen no haber visto ni conocer los términos del contrato.
Pero, ¿debe hoy un gran artista aceptar encargos del estado? Ésta es para algunos historiadores y críticos de arte la pregunta correcta, dejando a contables y alguaciles la malversación de fondos. “Naturalmente”, respondía ayer a este diario el director del Prado Miguel Zugaza, “¿quién lo haría si no?”. “Bueno, es que ¿de qué iba a llevar el tren de vida que lleva un artista así, si no es del dinero del contribuyente?” añade el historiador del arte Ángel González.
Para el selectivo experto, Miquel Barceló habría decidido “pasar a la historia del arte, y así dudo que lo consiga, pero en todo caso necesita estos encargos” y estos amigos. El mallorquín respondía días antes a El País, que estaría “harto de políticos” y habría decidido “mantenerse al margen” pero ayer pasaba con soltura del brazo de Narcís Serra al de Sonsoles Espinosa y al del presidente balear Francesc Antich, en un continuum de alegría política consagradora. Sólo a la prensa daba de inmediato la espalda, a la mención de la controversia: “No hablo de polémicas”. Como decía un diplomático cercano a la fundación Onuart, “si quiere transparencia, que empiece por decir cuánto pidió” por participar, “y si le incomoda el origen de algunos fondos, que anuncie su entrega a una ONG”.
No sabe, no contestaAunque artista y ministro persisten en retener toda información sobre los honorarios, distintas estimaciones cifran en 6 millones el dinero cobrado del erario público sin concurso ni condiciones. Moratinos y Barceló no acudiern ayer a su encuentro con los medios. A estas alturas, en que la propia Oficina de Información Diplomática está preocupada por “la pésima política de transparencia informativa” en Exteriores, el gobierno sigue sin informar siquiera de si, el que es posiblemente el mayor contrato público individual a un artista en muchos años, fue un concurso, bajo qué condiciones se concedió o si el galerista suizo Bruno Bischofsberger se ha llevado un millón. O si suma su apoyo electoral al video progobierno antes, después o en medio de su contrato. “El propio gobierno debería tener la cautela de no contratar sin concurso a quien le apoya públicamente”, además de serlo la mujer del César “también debe parecer honesta”. Ayer el embajador Juan Antonio March se reía entre los suyos diciendo: “sí, confieso, yo soy el culpable, soy el pecador, pero mirad qué bonito”, decía de la obra que quintuplicó el presupuesto de la ONU.
Para el historiador y comentarista de arte Delfín Rodríguez “Barceló está encantado de estar cerca y que le encarguen lo que sea”. Su selección “no es casual” pues con Antonio López sería “el artista oficial del régimen, lo que pasa es que López es tan lento” que se saldría de toda agenda de gobierno; en ello coincide González: “Que no quieran distanciarse luego, Barceló dice que sí y se embolsa lo que haga falta”, como añade Rodríguez “se lo encargue el PSOE, el PP o la Iglesia”, de la que recuerda por cierto que sería “el mayor artista contratado con Kiko Argüello”.
El tren de vida del artistaÁngel González agrega que los artistas públicos llevarían hoy un tren de vida insostenible sin estas grandes inyecciones de liquidez. no entiende que aún no esté claro que “el arte contemporáneo no existiría sin estas ingentes cantidades no retornables de dinero del contribuyente, al que por cierto nunca preguntan”. Para Rodríguez toda la idea de la bóveda le resulta antes que nada “una obra de propaganda de un régimen y sus príncipes” y así lo parecía durante la inauguración en el abusivo intercambio de elogios al artista y la apuesta política de este gobierno por la “alianza de civilizaciones”.
Para González la bóveda sería “un horror” y “las payasadas contemporáneas” son difíciles de evaluar por políticos y opinión pública que paga. En arte moderno, además, conocer su precio es fundamental para determinar si lo merece y sigue sin saberse; pero el problema no sería tanto del artista, “que están siempre muy necesitados para sus gastos”, sino de “quien decide que él represente a España: ya estábamos avisados con lo que hizo en la catedral de Palma”. Para el historiador, el problema sería de política artística, “intentan pasar el embolado a los expertos, pero todo el dinero es público y el arte es por tanto un asunto político. Es el ministro el que tiene que presentar ante el parlamento todas sus explicaciones”.


