Actualizado Lunes, 17-11-08 a las 04:44
Garikoitz Aspiazu Rubina, "Txeroki", ha permanecido durante cinco años como jefe de los comandos de ETA después de que sustituyera en el puesto a Gorka Palacios Alday. Durante este tiempo, cada vez que ha sido desarticulado un comando terrorista en España, ha aparecido la pista de "Txeroki" como la persona que ha dado la órdenes principales.
El poder de Aspiazu Rubina dentro de ETA no se ha limitado sólo a la jefatura de los comandos terroristas, sino que se había ido ampliando en los últimos tiempos a otras estructuras de la banda, como el 'aparato político', lo que había provocado conflictos con otros dirigentes como Francisco Javier López Peña, alias "Zulos" detenido el pasado mes de mayo en Burdeos.
La última pista sobre las actividades de Aspiazu fue obtenida por la policía el pasado mes de octubre tras la detención en Pamplona de un comando etarra cuyos miembros declararon que "Txeroki" les había confesado que había intervenido en el asesinato de dos guardias civiles en Capbreton, el 1 de diciembre del pasado año. Los testigos del doble crimen, sin embargo, no identificaron al dirigente de la banda ni la descripción facilitada de los autores coincide con sus características físicas.
Aspiazu forma parte de una hornada de militantes que, con un breve historial a sus espaldas, pasó e ser un activista de base a ejercer responsabilidades de máximo nivel en el seno de la organización terrorista.
Nada que ver con los militantes de no hace demasiados años que llegaban a puestos de dirección después de pasar mucho tiempo encuadrados en comandos o en puestos subalternos de las estructuras de la banda en Francia.
Los datos que se han ido constatando a lo largo del tiempo evidencian que a mano de Aspiazu Rubina aparece detrás de la mayor parte de los atentados que se han podido esclarecer y detrás del movimiento de todas las células etarras.
Algunas informaciones de prensa han hecho alusión a posibles desplazamientos del poder de "Txeroki" o han minusvalorado su papel en el seno de la organización terrorista. Pero los hechos que las sucesivas investigaciones policiales han puesto al de cubierto abonan la tesis contraria: la del poder omnímodo del dirigente etarra que controla, con la ayuda de un grupo de colaboradores, todos los resortes de las células encargadas de llevar a cabo las acciones terroristas.
Aspiaz estuvo encuadrado en el "comando Vizcaya" entre el verano de 2001 y abril de 2002, mes en el que regresó a territorio francés, donde pasó a encuadrarse en las estructuras de banda terrorista que operan en el país vecino. A partir de 2003 comienza a aparecer su nombre realizando funcione de adiestramiento de activistas, aunque también se ve que jerce las primeras responsabilidades como jefe de algún grupo "legal" que opera en España.
La captura de Gorka Palacios, el 9 de diciembre de 2003, supuso el ascenso en el escalafón de "Txeroki" que se convirtió en el nuevo jefe de los comandos. Eso se vio, por ejemplo, al examinar la relación del "comando Gaztelu" con sus jefes en Francia. Esta célula estaba supeditada a Palacios Alday quien les había encargado la realización de unos atentados en navidades de 2003, pero inmediatamente después de su captura pasaron a recibir órdenes de Aspiazu.
Los movimientos de "Txeroki", reconstruidos a través de las declaraciones fragmentarias de varios detenidos, presentan a un dirigente etarra que ejerce las funciones habituales del jefe del "aparato militar". Así, Garikoitz Aspiazu realiza las tareas de encuadramiento y de organización de comandos, al unir a dos o más de los pistoleros a sus órdenes y situarlos en una determinada célula. Además de constituir los comandos, unos con una base territorial fija y otros, en cambio, itinerantes, se encarga de impartir a sus miembros las órdenes y instrucciones correspondientes, de proporcionarles el material, los documentos, informaciones, dinero, etc. En ocasiones, alguna parte de estas funciones, son delegadas en alguno de sus lugartenientes, pero siempre aparece "Txeroki" en algú momento dando las órdenes que acreditan su posición jerárquica.
Lo que casi siempre hace es el rito de la "despedida" del comando que va a cruzar la frontera para instalar e en España. Consiste en acompañar en los últimos momento , en ocasiones casi hasta la misma raya fronteriza, a los pistoleros a los que envía "al interior" para actuar.
También es otra función característica del jefe de esta estructura recibir a la vuelta a los miembros de los comandos y reunirse con ellos para que le den información sobre lo que han hecho durante el tiempo que han estado en España, tanto si han cometido atentados como si no, y analizar los resultados.
Sin embargo, en el comportamiento de "Txeroki" hay actuaciones que exceden las funciones características del jefe de los comandos. Por ejemplo, la de encargarse personalmente de impartir cursillos de instrucción sobre el manejo de armas o de explosivos, como ha hecho en varias ocasiones en los últimos cuatro años.
Tampoco es función específica del jefe de los comandos encargarse él mismo del traslado de los activistas de un piso a otro, de recogerlo en una vivienda y llevarlo al sitio donde quiere darle el cursillo o juntarlo con otro activista para que conformen un comando. Y "Txeroki" ha realizado este tipo de actuaciones, propias de un enlace de nivel medio de la organización terrorista. La seguridad puede ser una razón que explique este comportamiento: si se eliminan algunos enlaces, se refuerzan las posibilidades de que la policía controle los movimientos de estas personas y siguiendo su pista lleguen hasta los jefes.
Un hábito de "Txeroki" parece ser la querencia por echarse al monte en sentido literal: en varias ocasiones se ve cómo imparte cursillos en el monte o, durante un viaje largo, hacen noche en pistas forestales. Y lo qu él practica parece que se lo enseña a sus subordinados que tal y como se está viendo en los últimos años, se instalan en tiendas de campaña, en simples sacos de dormir o dentro de un coche para pasar la noche en campo abierto, en lugar de buscar alojamiento en casas de colaboradores o de rriesgarse a alquilar. Son numerosos los casos conocidos e este tipo de comportamiento para que sean resultado de meras decisiones personales y no de instrucciones de la org nización.
Otra pauta de comportamiento de "Txeroki" es que se encarga también personalmente del reclutamiento de sus pistoleros. Se le ha visto acudir a las primeras citas proponer el ingreso en la organización terrorista a los convocados.
Este conjunto de actividades permite que hay miembros de ETA que no hayan conocido a nadie de la orga nización terrorista que no sea a "Txeroki" o a sus colaboradores. Aspiazu capta, asigna funciones para el recluta, le adiestra más adelante si llega el caso, lo traslada de piso a piso, le encuadra en un comando y le envía a cometer a entados.
Garikoitz Aspiazu, con sus casi cinco años al frente de los comandos de ETA, ha superado ya en tiempo de permanencia en esa funcióna todos los jefes que han ocupado ese puesto desde 1999. Ha duplicado el tiempo de mando de "Txapote" y superado todavía con mayor diferencia los de larra Guridi, "Susper" o Palacios Alday.

Si "Txeroki" había conseguido eludir la acción policial hasta el momento, no puede decirse lo mismo de sus lugartenientes en cuyas filas se han producido importantes bajas en estos cuatro años. Joseba Segurola, Aymar Altuna, Iñaki Arietaleaniz o José Antonio Aranibar son algunos de los colaboradores más estrechos del dirigente etarra que han acabado en manos de la policía francesa en este tiempo.

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