«Fuimos relegados por la historia pero hoy, afortunadamente, ese tiempo quedó atrás. Hemos salido definitivamente del rincón de la historia para participar, desde la legalidad y con la legitimidad internacional». La frase de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega retumbó en los oídos de los periodistas que seguían el pasado viernes la rueda de prensa de Consejo de Ministros. José Luis Rodríguez Zapatero no pudo escucharla en directo. A esa hora ya volaba rumbo a Washington, a una cita más de la historia... del G-20. Pero, por el tono que empleó cuando se le preguntó el sábado, gracia, lo que se dice gracia, no le ha hecho. En el fondo, supone compararle con el ex presidente del Gobierno José María Aznar y entrar de lleno en una espiral triunfalista difícil de gestionar. Aunque sólo sea porque todavía España no está en ese G-22 que, reclama el presidente brasileño, Lula da Silva.
En un tono mucho más comedido que la portavoz del Ejecutivo, Zapatero se dio por satisfecho con que «se ha reconocido los 30 últimos años de España», de los que también participó el Gobierno Aznar, y se comprometió a seguir demostrando a la comunidad internacional «que merecemos mucho la pena, para aportar y trabajar juntos» con el resto. Cuando se le recordó lo dicho por De la Vega, torció el gesto e intento reconducir el discurso. Dijo que él está para preparar las medidas que presentará al Congreso de los Diputados el próximo 27 de noviembre a fin de infundir confianza en la economía, y «no a otras cosas».
La expresión tiene miga porque esas otras cosas evocan los días de vino y rosas de un José María Aznar en la cresta de la ola. Clamaba Aznar en rueda de prensa en marzo de 2003, días antes de hacerse la «foto de las Azores con GeorgeW. Bush y Tony Blair, que «cuando en el mundo ocurre algo importante, España ya no está sentada en un rincón. No queremos ver a España sentada en el rincón de la historia, en el rincón de los países que no cuentan, que no sirven».
Una ironía
Seguramente, De la Vega lanzó el viernes su frase desde la ironía -de hecho sonrió nada más pronunciarla- pero no calibró que aquella imagen está grabada en el imaginario del PSOE como lo que no debe ser. La sola comparación pone los pelos de punta al propio jefe del Ejecutivo y a una parte de su entorno. Saben que mucha gente, del PP, pero no sólo, vigila con lupa sus movimientos, a ver si pone los pies encima de alguna mesa. Sería el principio del fin. No en vano las críticas más feroces que lanzaron siendo oposición a Aznar lo fueron contra las fotografías en las que se ve al ex presidente y a Bush relajados con los pies encima de la mesa durante un descanso de las reuniones del G-8 en Canadá en 2002.
«Zapatero nunca pondrá los pies encima de ninguna mesa. No va con su forma de ser», proclama a ABC un colaborador del presidente del Gobierno a propósito de la expectativa creada por la victoria de Barack Obama en las elecciones estadounidenses. Como mucho, los dos se retarán a un partido de baloncesto, deporte al que son grandes aficionados. Y es dudoso que si se llega a producir ese mano a mano en la Casa Blanca -Obama ya ha anunciado que va a instalar una cancha- o en la Moncloa, haya cámaras para inmortalizar ese momento.
La sola comparación pone los pelos de punta al propio jefe del Ejecutivo y a una parte de su entorno
Fuentes socialistas consultadas por este periódico resaltan que eso está «en su ADN» y ponían como ejemplo las palabras que le dedicó a Bush en la rueda de prensa del sábado, en la que elogió que a pesar de las diferencias políticas de ambos, se ha sentido tratado con mucha «cortesía» durante este fin de semana en Washington. Algo a lo que también se refería Nicolás Sarkozy cuando dijo que Bush ha sido en la cumbre del G-20 «un socio leal, no siempre fácil, pero leal». Los dos líderes europeos, a los que parece que las peripecias previas a la cita del G-20 han unido políticamente no se sabe por cuanto tiempo, que hubo desacuerdos de fondo con el presidente estadounidense, pero, como dice Sarkozy, «no fue un gran drama, ese es el motivo por el quetodos nosotros nos juntamos».