Lunes, 17-11-08
El congreso de Reims pasará a la historia del PS como un drama político fratricida: las grandes familias socialistas tienen proyectos incompatibles sobre Europa, la crisis financiera mundial, la crisis nacional y su gestión humana, social e intelectual. Ségol_ne Royal sentenció hace semanas la «crisis mortal» de la socialdemocracia, cuando los socialistas franceses todavía no han decidido si deben ser socialistas o socialdemócratas. No pueden olvidar que gobernaron sucesivamente con métodos socialistas (1981-83) y socialdemócratas (1983-1995, 2002-2007).
Martine Aubry afirma que el PS debe «caer a la izquierda», y todavía espera ser líder de su partido gracias al voto de las facciones socialistas de izquierdas, que siguen reclamando la «ruptura con el capitalismo». Bertrand Delanoë, por su parte, se declaró «liberal-socialista», matizando que se consideraba «liberal» en el terreno social y cultural, «pero no en el económico». Tales precisiones no le han servido de nada. Los militantes socialistas consideran obsceno y odioso el calificativo «liberal», que tiene para ellos algo de infernal. Olvidando que un alto dirigente socialista, Dominique Strauss-Kahn, es hoy presidente de un templo de la economía capitalista liberal, el Fondo Monetario Internacional.
Benoît Hamon quizá no represente ni siquiera el 10 por ciento de la militancia socialista. Pero se trata de una sensibilidad influyente, dentro del PS y dentro de los medios que le son más favorables («Libération»). Se trata de socialistas que militan contra la Europa del euro y el BCE. Las familias socialistas favorables a la integración europea y la gestión socialdemócrata del modelo liberal dominante en la UE quizá sean mayoritarias, pero las familias socialistas (en sentido estricto) continúan siendo muy influyentes.
Ese arco iris de sensibilidades ideológicas tiene algo de esquizofrénico: en la oposición y dentro del PS, muchos socialistas (como Laurent Fabius o Henri Emmanuelli) tienen un discurso muy radical, olvidando su comportamiento «liberal» cuando eran ministros de François Mitterrand y Lionel Jospin; un largo rosario de antiguos ministros (Michel Rocard, Jack Lang, etc.) hicieron políticas reformistas, muy alejadas de la retórica ideológica.
El PS lleva años arrastrando tales contradicciones, con consecuencias como la eliminación del candidato socialista (Jospin) en las presidenciales del 2002, una activa contribución socialista al «no» francés al proyecto de tratado constitucional de la UE (2005) y la derrota en las presidenciales que dieron la victoria a Nicolas Sarkozy (2007).

