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Domingo, 16-11-08
De Etiopía, Raquel y Rafa han regresado con dos amores: el de su pequeño hijo Samuel, un bebé que tiene ahora catorce meses, y el vínculo con un país que les ha cautivado de por vida. Cuando comenzaron la aventura de ser padres, hace ya dos años, la nación africana acababa de abrir las puertas a las adopciones internacionales. «Había menos lista de espera y el proceso de tramitación era muy serio», dice Raquel. Suficientes garantías para que este matrimonio de Murcia se animase a perseguir el deseo de criar a un hijo.
En veinte meses de espera, hasta coger a Samuel por primera vez en los brazos, son muchos los altibajos emocionales que superaron. «Es muy largo y lento, por eso hay que armarse de paciencia. Eres consciente de que todo depende de factores externos y no todo el mundo llega hasta el final». Rafa y Raquel tramitaron la adopción a través de una Ecai, en este caso Feyda. «Confiamos en ellos, porque hay que hacer muchas gestiones, hay mucha burocracia que es lo que más desespera. Nunca tuvimos problemas ni con el país ni con la Ecai».
Los últimos meses fueron los peores. «Los sentimientos están a flor de piel. Ni siquiera consultábamos los foros de internet. Queríamos ir tranquilos a recoger a nuestro hijo. Y aún así nos impactó el país, es muy duro, y precioso».
Del origen de Samuel -han conservado el nombre que le dio su familia biológica- sus padres conocen bastante poco. Nació en una familia de campesinos en la región más empobrecida de Etiopía. Y a los pocos días sufrió una neumonía. «Lo superó -cuenta orgullosa su madre-. Con aquello, creo que se hizo fuerte porque ahora le están saliendo los dientes y no ha llorado ni una sola vez. Es un niño que transmite felicidad, es muy sociable y cariñoso. En Etiopía me decían que mi hijo era un milagro». La enfermedad no dejó secuelas en el pequeño. «Nos lo entregaron con seis meses y sólo estaba un poco por debajo de su peso».
En cuanto Samuel crezca la familia volverá a Etiopía. «Queremos compartir con él sus orígenes, forma parte de su identidad como persona. Y ese país también forma parte ya de nuestras vidas. Allí quieren muchísimo a los niños, pero son pequeños con muchas carencias. Por eso, cuando los dan en adopción, piensan que les están salvando la vida».
A falta de la asignación
Ese momento aún no ha llegado para Juana y Liván, un matrimonio cordobés que lleva año y medio esperando que Colombia les asigne un niño. La adopción suponía su último recurso para tener un hijo, una opción que les recomendó su ginecólogo. Por ahora, las autoridades del país americano les han considerado aptos para ello. «Ha sido el momento más feliz que hemos vivido en este largo proceso que durará más de dos años. El próximo día 28 comenzamos un curso con otros padres para saber cómo tratar al niño cuando llegue. Un paso menos», dice Juana.
Este matrimonio ha sufrido sus sinsabores. «El encargado del expediente en la Junta de Andalucía tuvo una baja por enfermedad y nadie le sustituyó. Así que el proceso se paró», recuerda. Acudieron a una de las Ecai que operan en Colombia, Adecop. «Y volvimos a respirar. Su intervención ha sido fundamental». Juana ya ha borrado de su memoria los malos recuerdos y, junto a su marido, prepara la llegada de su hijo.
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