La víctima empujó por accidente a una chica, novia de uno de los vigilantes. Se busca a un cuarto sospechoso
Detenidos tres porteros por la paliza mortal a un joven en una discoteca de Rosales
Álvaro Ussía Caballero, de 18 años, falleció a primera hora de la mañana de ayer después de recibir una brutal paliza, presuntamente por parte de un grupo de porteros de la discoteca en que se divertía. El Grupo V de Homicidios de la Policía Nacional detuvo en apenas unas horas a tres de los sospechosos. Pero hay un cuarto implicado que, al cierre de esta edición, no había sido capturado.
Álvaro, vecino del madrileño barrio de Aravaca, acudió como era frecuente en él con cinco amigos a la discoteca El Balcón de Rosales, en el paseo del Pintor Rosales, en el distrito de Moncloa. Llegó en torno a la una de la madrugada y no pagó entrada, puesto que, al parecer, era un cliente habitual y conocía a los relaciones públicas.
Alrededor de las cinco y media de la madrugada, Álvaro y sus amigos se encontraban bromeando en la zona de baile. En un momento dado, uno de los compañeros de fiesta, jugando, le dio un empujón, con tan mala suerte que Álvaro golpeó a una chica involuntariamente.
«¿Qué pasa?», le reprendió la joven, que se sintió ofendida por lo ocurrido. Álvaro le pidió disculpas, pero la chica no debió de quedar satisfecha, puesto que se dirigió a la zona donde se encuentran los porteros. Su intención era avisar a uno de ellos, que, además, es su novio, para contarle lo sucedido.
Ni cortos ni perezosos, los cuatro hombres subieron las escaleras del Balcón de Rosales, para «escarmentar» a Álvaro.
Un rodillazo en el pecho
La víctima medía menos de metro setenta y era de complexión delgada. Pero los cuatro hombres le sacaron de mala manera del local, lo llevaron a la puerta y la emprendieron a golpes con él, explicó la Policía. Según relató a ABC un amigo del finado, «le pegaron primero entre todos, bofetadas, puñetazos...». Hasta que, cuando Álvaro estaba tirado en el suelo, uno de los sospechosos le dio un rodillazo en el pecho. Lo dejaron tirado en la calle.
Desde una zona verde donde se encontraban, uno de los amigos del joven llamó al 112. El Samur-Protección Civil trasladó hasta el lugar, con el aviso de un herido por agresión, a sus sanitarios.
Cuando llegaron, encontraron a Ussía Caballero con poco nivel de conciencia. El joven entró en parada cardiorrespiratoria, de la que pudieron sacarle los médicos, pero volvió a entrar en estado crítico, pese a que le practicaron durante veinte minutos maniobras de reanimación pulmonar, informó Emergencias Madrid. Le trasladaron al Hospital Clínico San Carlos, donde ingresó a las seis y media de la mañana. Poco después pereció.
Jóvenes muy corpulentos
El golpe recibido en el pecho pudo ser, probablemente, el que le provocó la muerte, aunque el informe definitivo de la autopsia determinará este extremo. El cadáver fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de la capital madrileña.
Los agentes de Homicidios no tardaron en dar con tres de los sospechosos. Aunque la discoteca cerró en torno a las seis de la mañana, no fue difícil conseguir los datos de los presuntos autores de la mortal paliza. Así, fueron detenidos tres de ellos: David S. G., de 32 años; David A. D., de 25, y Antonio S. S., de 32. Se trata de jóvenes muy corpulentos, habituales del gimnasio.
Sin embargo, fuentes del caso precisaron a ABC que aún queda un cuarto implicado. Se trata, precisamente, del novio de la chica que se sintió agraviada.
Extensa ronda de testimonios
Ayer por la tarde-noche, continuaba la extensa ronda de toma de declaraciones que estaba realizando el Grupo V de Homicidios. Los testigos eran numerosísimos: tanto los amigos de la víctima, como los clientes de la discoteca y personas que se encontraban en el exterior.
Fuentes policiales precisaron que todos coincidieron en que Álvaro fue víctima de una paliza por parte de los porteros de El Balcón de Rosales. Además, ABC pudo saber que ninguno de los acusados tiene formación específica para trabajar en el puesto que ocupaba en la discoteca.
Álvaro Ussía Caballero, huérfano de padre, tenía novia desde hacía unos seis meses, estudiaba segundo de Bachillerato en el Colegio Monte Tabor, en Pozuelo de Alarcón, y era un entusiasta de las motos y de pinchar discos.

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