Judío. Bombardearía Irán. Votó a favor de la guerra de Irak. Se hizo millonario trabajando en un banco. Sirvió a los Clinton. Es Rahm Emanuel, conocido por «Rahmbo» por sus enemigos. Y Barack Obama le ha nombrado jefe de su Gabinete en la Casa Blanca

«Mi hijo influirá para que Obama sea pro Israel»
Rahm Emanuel, futuro jefe de Gabinete de Barack Obama, pidió ayer disculpas por los comentarios relizados por su padre, Benjamin Emanuel, en una entrevista con el periódico israelí «Maariv» en la que criticó a los árabes. Benjamin declaró que su hijo —de religión judía—, «obviamente influirá al presidente (Obama) para ser pro Israel». «¿Por qué no lo haría? ¿Qué es? ¿Árabe? No va a limpiar los suelos de la Casa Blanca», afirmó.
Ante las quejas despertadas por esta controvertida entrevista, cuestionada especialmente por las asociaciones árabes en Estados Unidos, la oficina del jefe de Gabinete difundió ayer un comunicado en el que explicó que Emanuel había telefoneado a la presidente del Comité Américo-árabe Antidiscriminación para «disculpar el comportamiento de su familia» y ofrecer a esta comunidad la posibilidad de mantener una reunión. La presidenta del Comité dio la bienvenida a esa disculpa y resaltó que «no se puede permitir que los árabes y los musulmanes sean retratados en términos inaceptables».
Siempre circulan leyendas urbanas en los Estados Unidos. Pero últimamente hay un exceso de mitos imposibles. ¿Cómo puede ser que Barack Obama, un musulmán encubierto, un infiltrado de Osama Bin Laden en la Casa Blanca para algunos, haya nombrado a un jefe de gabinete que tiene la doble ciudadanía estadounidense e israelí y que estaría encantado con bombardear Irán?.
Se dicen muchas barbaridades de Rahm Emanuel, «Rahmbo» para los enemigos, lo más parecido a un «halcón» en la nueva Obamérica. No se habla de otra cosa en publicaciones como «La intifada electrónica». En la blogosfera, ávida de «hope» y de «change», ya no saben si celebrar la elección de un «duro» capaz de liarse a puñetazos (cuidado que es triatleta) con cualquiera que ataque la agenda del futuro presidente, o si espantarse de cómo será la tal agenda si de él depende.
El jefe de gabinete de Obama es de todo menos una ruptura con el pasado. De 1992 a 1998 sirvió en la Casa Blanca de Bill Clinton, donde lideró la (desastrosa) estrategia para la reforma de la Sanidad de Hillary Clinton. Emanuel fue visto una vez, dicen, descargando cuchilladas en una mesa a la vez que iba mentando a todos los enemigos de los Clinton. El futuro capo del ala Oeste votó a favor de la guerra de Irak.
Beligerante en favor del aborto
Emanuel es una fiera recaudando fondos, tanto que cuando dejó la Casa Blanca ganó una fortuna trabajando en la banca. Tuvo responsabilidades en Freddie Mac, el gigante hipotecario semi-público actualmente intervenido por el gobierno, de donde salió envuelto en cierto tufillo de donaciones políticas algo raras. Desde luego no pasaría el puritano filtro ético que se exige a cualquiera que desee entrar a trabajar en la nueva Administración, así sea llevando los cafés. Si todo eso es verdad, ¿entonces cómo se entiende que Obama le haya elegido?
Dicen los conocedores que cuidado con creerse todo lo que cuentan del personaje, incluso lo que fue verdad pero a lo mejor ya no lo es. Rahm Israel Emanuel sí tuvo la doble ciudadanía estadounidense e israelí (su padre nació en Israel), pero renunció al cumplir los dieciocho años. Y su estilo agresivo se ha relajado bastante con los años. Hoy por hoy, más que un Rahmbo se le puede considerar un pragmático peligroso... sobre todo para sus enemigos.
A él se debe la estrategia que permitió empezar a recuperar la mayoría demócrata del Congreso en 2006. En lugar de desgastarse haciendo campaña en todos los estados, Emanuel concentró el esfuerzo en los sitios clave. Un método del que Obama tomó buena nota.
Totalmente a la izquierda en materia de libertades (es mucho más beligerante a favor del aborto que Obama), en temas sociales Emanuel aspira a todo (la utopía de la reforma sanitaria vuelve por sus fueros), pero no cree que ese todo se consiga sólo con buenas intenciones. Él ha defendido siempre liberalizar la economía para que haya más y mejor pastel a repartir. A lo mejor tragará con el credo hiperregulador que emerge de la crisis, pero no es el marco conceptual en que él se siente más cómodo.
No es lo que se dice el sueño de los progres del lugar. Pero, ¿y si los progres se equivocan? Emanuel es de los que creen que Obama no ha vencido gracias a la sublime izquierda sino al masivo y pragmático centro. Que lo que pide son resultados. Él mismo explicó hace poco a «The Wall Street Journal» cómo veía el tema: «El pueblo americano es increíblemente pragmático. Hay que confiar en su pragmatismo. Es la filosofía operativa de este país». Avisados quedan.

