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Domingo, 16-11-08
Ni las fotos con George W. Bush ablandaron a un José Luis Rodríguez Zapatero que ayer se descolgó en la cumbre de Washington con un discurso bastante alejado del de su anfitrión. Bush no quiere oír hablar de más intervención en los mercados bancarios, sólo medidas transparencia antifraude, pero tuvo que escuchar de boca de Zapatero un discuso «europeo» —Sarkozy se pronunció en parecidos términos— reivindicativo del papel del Estado como regulador.
El jefe del Gobierno español comenzó su primera intervención proponiendo al resto de mandatarios dar la vuelta al lema y hablar de la «crisis intensa de la economía mundial». Así planteado, el «crash» bancario no sería sino un síntoma provocado por una globalización sin control, en la que la avaricia ha llevado a «sueldos astronómicos» para los ejecutivos de los bancos de inversión y «beneficios injustificados» para sus accionistas. Y las soluciones que se den a la crisis, dijo, «no pueden debilitar nuestro compromiso con otra crisis mayor e intolerable, que es la de la pobreza y la desigualdad en el mundo».
Como propuestas concretas de España, el presidente del Gobierno defendió que los Ejecutivos integrantes del G-20 coordinen sus políticas fiscales para reactivar las economías, y que el presidente de este foro, ahora el brasileño Lula da Silva y a partir del uno de enero el británico Gordon Brown, vigile esa coordinación. «Los que estamos aquí debemos comprometernos a tener completada, en el plazo de un año, una nueva regulación del sector financiero». Ayer, el presidente francés dio por «seguro» que España estará en la próxima cita del G-20 —previsiblemente en Londres, en abril—. Es pronto para saber cómo irá. Bien como país invitado, como ha acudido Holanda a esta cita, bien como país de pleno derecho si se aprobase antes su conversión en G-22, como propuso ayer el ministro de Asuntos Exteriores brasileño, Celso Amorim. Algunas fuentes hablan de que podría ser Egipto, para dar más presencia en el mismo al continente africano, que sólo tiene a Suráfrica como representante.
En la rueda de prensa con la que dio por concluida la cumbre, Zapatero ironizó diciendo que «yo siempre me fío de Sarkozy», aludiendo a que España sí estará en la cita de Londres. A su juicio, tanto la asistencia a esta cumbre como la próxima bajo presidencia británica del G-20, suponen que a España «se le ha reconocido lo que ha hecho en estos 30 años y lo que es hoy».
Eso es lo que le interesa a Zapatero «y no otra cosa, según dijo el propio jefe del Gobierno cuando se le preguntó si comparte la afirmación hecha por la vicepresidenta Fernández de la Vega, de que España ha salido del rincón de la historia,
En cuanto a las medidas que se acometerán contra la crisis, el presidente del Gobierno indicó que, en el contexto para la reactivación económica que presentará la CE en Bruselas el próximo día 26, él comparecerá al día siguiente en el Congreso de nuestro país para exponer el plan español coordinado con la UE. Zapatero no quiso adelantar cuáles serán esas medidas, aunque dejó claro que no serán proteccionistas. Pese a todo, adelantó que habrá un importante apoyo al sector del automóvil e indicó que se mantendrá un «diálogo continuo» con bancos y cajas para que se agilice la concesión de créditos.
Si España es admitida finalmente en el G-20, en Londres no habrá problemas de protocolo. No sólo porque al secretario de Estado de Economía, David Vegara, no le dejaran entrar el jueves a la reunión preparatoria con el secretario del Tesoro, Henry Paulson, sino también con las banderas. Ayer se pudo ver cómo la representación española iba bajo bandera de la UE. Sarkozy también renunció a comparecer con la suya por respeto al primer ministro holandés Balkenende, también invitado.<MC1> Cuando el 1 de enero deje de ser presidente europeo, comparecerá en el G-20 bajo la tricolor. Será entonces el presidente checo, Vaclav Klaus, quien asista al G-20 y podrían volver a empezar los problemas protocolarios de España.
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