El británico Gordon Brown se convierte en el puente entre el intervencionismo que defiende ahora la UE y el liberalismo más acentuado de los norteamericanos

Domingo, 16-11-08
Un día antes de empezar la cumbre de Washington uno de sus participantes más esperados, el primer ministro británico, Gordon Brown, fue el invitado de honor del Council on Foreign Relations en Nueva York. Le introdujo Robert Rubin, ex secretario del Tesoro durante el mandato de Bill Clinton y miembro del sanedrín económico de Barack Obama. «The New York Times» se recreaba ayer con la forma en que recibió Rubin a Brown: «No sólo el Reino Unido sino todo el mundo es afortunado de tenerle a usted de líder»...
«¡Hala!», que habría dicho de encontrarse presente el todavía presidente y anfitrión de la cumbre, George W. Bush. Bush ha hecho estos días una defensa cerrada del capitalismo frente a los líderes europeos que han ido a Washington como quien va a un segundo Bretton Woods. Si es así, en Estados Unidos no se han enterado o prefieren mirar hacia otro lado, concretamente hacia los únicos países que ahora tienen dinero para meterlo en el Fondo Monetario Internacional (Japón, China, Arabia Saudita) y a las potencias emergentes del capitalismo del futuro.
A la actual Administración estadounidense no le interesa lo que ve como el «capitalismo del pasado» a la europea, siempre porfiando por más y más regulación. Es decir, por menos capitalismo, según Bush. En esta línea están indiscutiblemente el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en la mejor tradición del Rey Sol y con la indudable ventaja de haber llegado de los últimos a esta crisis. Es decir, que es de los pocos líderes a los que políticamente aún no se les puede pasar factura.
La alemana Angela Merkel estaría en una posición más delicada pero ayer también se inclinaba hacia un endurecimiento regulador, aunque más gradual que a la francesa.
El general Custer
El protagonismo de Europa y de sus fórmulas en la nueva arquitectura financiera mundial dependerá mucho de cómo se resuelva la guerra civil económica desatada en estos momentos en Estados Unidos. En torno a lo que queda de la Administración Bush y del poder conservador se aglutinan las maltrechas pero irreductibles fuerzas del libre mercado, los generales Custer que siguen vaciando sus cargadores sobre los «indios» partidarios de regular mucho más la economía, virando hacia fórmulas a la europea, pseudosocialdemócratas o incluso sin el pseudo. De esa escuela son muchos de los expertos que pugnan por asesorar a Obama.
El enlace entre los dos mundos, tanto entre Europa y América como entre las dos Américas que ahora compiten, sería precisamente Gordon Brown. Brown tuvo a las órdenes de Tony Blair altas responsabilidades financieras que gestionó en el mejor espíritu liberal británico, que es lo más parecido al espíritu liberal americano que hay en Europa. Por otro lado su iniciativa de recapitalizar los bancos ingleses con dinero público le ha convertido en la musa de los partidarios de volver a Keynes, y de ahí la calurosa acogida que en Nueva York le brindó Rubin.
Y sin embargo, Brown no vaciló en meterle a Rubin un corte importante: públicamente advirtió contra el peligro de gastar demasiado dinero público en intentar salvar empresas sin salvación o puestos de trabajo sin futuro. No dijo nombres ni mentó directamente la soga en casa del ahorcado, pero quedó claro que se refería a los tres gigantes automovilísticos de Detroit, sobre todo a la General Motors pendiente de un hilo. Obama se ha posicionado a favor de este rescate que, según señalan varios observadores, no tiene ninguna lógica económica, sólo política, como las minas españolas cuyo cierre el gobierno fue retrasando durante años.
El mensaje de Brown sería: regular vale, pero regular bien, porque en una economía global no hay margen para el error regional, ni siquiera por razonesde tipo electoral o sentimental. En lugar de esto, Brown insistió en la necesidad de que el FMI funcione cada vez más como un verdadero banco central internacional, algo que a algunos les puede sonar aún a fantasía, pero que sin embargo coincide con el mensaje lanzado esta misma semana en Frankfurt por el presidente de la Reserva Federal americana, Ben Bernanke.
Cooperación
Ben Bernanke quiso aprovechar el décimo aniversario del euro para pedir una más efectiva e intensa cooperación entre los bancos centrales del mundo. O eso, o admitir que el capitalismo con argumento es definitivamente cosa del pasado. Y por Oriente asoma lo que asoma.


