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Domingo, 16-11-08
La noticia llegó el lunes tras semanas de rumores y negación: el Santander ampliaba capital. Lo hacía por una suma multimillonaria, para reforzar sus ratios de solvencia y pese a no ser estrictamente necesario. El primer banco del país justificó su inesperada apelación al mercado por las «presiones regulatorias en el sector, que vive un proceso de recapitalización con fondos de los Gobiernos». Algunos aceptaron la explicación, otros no tanto -las numerosas compras de la entidad sembraban la duda en los inversores- aunque lo cierto es que un poco de las dos posturas hay.
El banco que preside Emilio Botín ya había sido el centro de atención de varios analistas que aseguraban que su hambre compradora debía ser digerida con capital extra. «Es como después de la comida de Navidad, cuando ha sido especialmente opulenta necesitas echar mano de la sal de frutas», asegura un financiero. Y con esto no se quiere decir, puntualizan, que las adquisiciones del Santander hayan sido «excesivas o improvisadas», sino que «en este contexto es mucho más fácil tener una digestión pesada».
Pero, ¿es hoy el panorama internacional mucho más duro que hace tan sólo un par de meses? Para los bancos españoles, en parte sí. Es de sobra conocido que la prolongada sequía de liquidez ha tenido ya su impacto en la economía real y que esto revierte de forma negativa en las cuentas de los banco en forma de morosidad. Sí, pero esto no es todo. Últimamente se ha puesto más difícil todavía. La crisis ha cambiado las reglas del juego: lo que antes era un buen ratio, ahora es tirando a mediocre, y no precisamente en beneficio de quien años atrás jugó limpio.
Paradojas de la crisis... La intervención en masa de los poderes públicos en el capital de sus bancos ha generado un desequilibrio en la competencia del sector en una doble vía: al refuerzo de los recursos propios se une que las entidades «nacionalizadas» tienen acceso a una financiación más barata que los bancos puramente privados. En España, las entidades podran tener un aval del estado pero, eso sí, previo paso por caja.
¿Se considera leal jugar en el mismo tablero pero con distintas corazas? El ejemplo más claro viene de la mano del holandés ING. El gigante naranja recibió una macro inyección de liquidez de su Gobierno que hoy le permite campar por el mercado con mucha más alegría que sus rivales. El banco vendió al Ejecutivo neerlandés un bono por valor de 10.000 millones y, en un pis pas, ING se había convertido en «en uno de los bancos más sólidos del mundo». Así lo anunció la misma entidad, que hoy ofrece una de las rentabilidades más altas del mercado por los preciados depósitos. ¿A base de exprimir al máximo su margen de beneficio? «No», asegura un ejecutivo bancario que prefiere no desvelar su identidad, «las entidades que tienen el respaldo de sus gobiernos pueden acceder a una financiación más barata en el interbancario». «Es lógico, -dice- si hay que prestar a alguien en estos momentos, mejor que sea un Estado que un banco, por muy bien que éste haya resistido a la crisis hasta el momento».
Parece, pues, que a los bancos españoles no les queda más salida que la de reforzar la solvencia para minimizar las diferencias comparativas con sus competidores nacionalizados. El Santander habría sido el primero en dar el paso con su ampliación de capital, que eleva su «core capital» -que es el principal ratio que mide la solvencia de las entidades ante los riesgos asumidos- a más del 7% frente al 6,31% con el que cerró septiembre pasado. A grandes rasgos, esta cifra quiere decir que la entidad en cuestión tiene unos recursos propios que representan el 7% sobre el total de riesgo que figura en su balance.
Ahora, la pregunta que flota en el ambiente es ¿vendrán más ampliaciones «made in Spain» después de la de Botín? Y es que, en el momento en que uno da el paso al frente, ¿no se quedan los demás atrás?
El principal competidor español de Santander, BBVA, tiene un «core capital» a 30 de septiembre del 6,4%, pero se muestra tajante respecto a llevar a cabo cualquier tipo de inicativa similar a la de Botín: «no». De hecho, no faltaron las ironías desde la entidad que preside Francisco González en el momento de conocerse la decisión de su eterno rival que llegaron, incluso, a reflejarse blanco sobre negro en una carta en la que el BBVA atacó la estrategia «agresiva» de Botín, frente a la más «prudente» de González. Queda por ver si este rechazo total a la ampliación de capital se mantiene igual de firme y tajante unos meses más adelante.
Balón de oxígeno
El tercero en discordia es Banco Popular. También negó poner en marcha cualquier iniciativa similar a la del primer banco español y, sin embargo, anunció dos días después una titulización por un importe de 6.000 millones de euros. Un balón de oxígeno en toda regla, que permite engrosar el monto de activos a canjear en el BCE pero que, de nuevo, el banco intentó desvincular a toda costa de una necesidad de refurzo del refuerzo del «core capital», actualmente en el 6,78%.
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