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Actualizado Sábado, 15-11-08 a las 18:18
Nada de visitas turísticas, incursiones consumistas para aprovechar la relativa debilidad del dólar o la oportunidad de cruzarse con Carla Bruni. La trastienda de la primera cumbre al máximo nivel del G-20 ha supuesto una plusmarca de atascos, “overbooking” hotelero, un tiempo bastante desapacible, tensiones desde el principio entre negociadores y una improvisación bastante llamativa por parte de los anfitriones.

Una escena precipitada en las antípodas de lo que debieron ser las reuniones celebradas hace más de sesenta años en el bucólico “resort” Monte Washington de Bretton Woods, New Hampshire.
Para evitar polémicas distracciones, cuando el mundo se encuentra ante una crisis con hechuras de recesión, hasta la Casa Blanca ha intentado rebajar la suntuosidad de la inicial cena de trabajo ofrecida por el presidente Bush. Acompañado por selectos vinos de California, los platos principales del menú han sido codorniz ahumada con madera de árbol frutal acompañada por risotto de quínoa y membrillo; o costillar de cordero asado con tomillo y jugo de setas chanterelle, acompañado por una fondue de tomate, hinojo y berenjena.
La reunión plenaria ha tenido lugar en el National Building Museum, el museo de Washington dedicado a la arquitectura. Un edificio con forma de fortaleza de ladrillo originalmente construido en 1887 como oficina federal de museos. Por supuesto, toda la zona, incluida la parada de metro más cercana, ha permanecido cerrada al público entre medidas de seguridad tan masivas como complejas al tener que lidiar con más de una veintena de mastodónticas delegaciones oficiales.
El Departamento de Estado, como ya ocurrió en la cumbre de Annapolis para la elusiva paz en Oriente Medio, ha vuelto a demostrar una vergonzosa inutilidad a la hora de acreditar a unos estimados 1.500 periodistas por correo electrónico. Con largas colas, broncas y solicitudes perdidas, hoy a las tres y media de la madrugada, se estaba convocando a los representantes de los medios todavía sin la exigida credencial. Dificultades para trabajar completadas con un insuficiente y alejado centro de Prensa.
De forma llamativa, los periódicos de Estados Unidos han realizado todo un alarde de desinterés ante la cumbre del G-20, empezando por la portada del “New York Times”. Contexto en el que la participación del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha quedado relegada, literalmente, a una nota de pie de página para el “Washington Post”. Diario que al presentar este jueves una página sobre los “jugadores” de la cumbre utilizaba una minúscula acotación para recordar que la Unión Europea sería representada por España y Holanda.
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