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Lunes, 10-11-08
J. G. CALERO
MADRID. España dedica unos 4.000 millones de euros a la cooperación. En determinados países -pero no en Suiza, como la polémica sobre Barceló demuestra-, la cultura puede integrarse en ese ámbito de la ayuda al desarrollo. El Instituto Cervantes tiene más de 100 millones de presupuesto. Su principal misión es el español. El Ministerio de Cultura maneja casi mil millones. Además, hay dos sociedades estatales con capacidad para organizar eventos culturales. Y, por si fuera poco, las Embajadas tienen su propio programa. ¿Qué imagen da España? Este galimatías necesita con urgencia un criterio unificado. La cúpula de Barceló lo ha agravado. Y la crisis exige no duplicar gastos.
El PP ha presentado recientemente una enmienda a los Presupuestos que, de triunfar, desgajaría del Ministerio de Asuntos Exteriores tanto el Instituto Cervantes como la Sociedad Estatal para la Acción Cultural en el Exterior (Seacex) y los pondría bajo el mando único de Cultura, que «es quien tiene los medios y el conocimiento sobre asuntos culturales». No parece que el Gobierno vaya a darle la razón a esta iniciativa.
En el Ministerio de Cultura también se tiene conciencia de que esta situación -heredada de la época Aznar- necesita racionalizarse. A finales de la pasada legislatura hubo un intento de poner sobre la mesa el debate, pero las resistencias levantadas en Exteriores dieron al traste con el empeño. Las sociedades en cuestión no serán dóciles al cambio. ¿Por qué?
En 2004, muchas cosas cambiaron al entrar Leire Pajín como secretaria de Estado de Cooperación, entre ellas se desmontó el programa Arte en el Exterior que su antecesor. Miguel Ángel Cortés, había puesto en marcha con éxito, pero que ella consideraba elitista en su departamento. Pero allí se decide la representación española en la Bienal de Venecia, a la que ahora irá también Barceló. Lo cierto es que Pajín se negó a financiar la cúpula con fondos de la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas de la AECI, ya que su equipo veía esta intervención alejada de todos los programas de acción cultural exterior. «Era un caso único, decidido en Moncloa», comentan. Como publicó ABC, el Gobierno sí dedicó a Barceló medio millón de euros de los fondos de Ayuda al Desarrollo el 14 de diciembre de 2007.
En definitiva, todavía hoy es un desafío para el Gobierno poner orden en este laberinto. Hay quien dice que ahora el objetivo es asegurar la independencia del Cervantes, y poner las sociedades estatales -que ya calculan su resistencia- en la órbita del Ministerio de Cultura para una mayor coordinación. El debate está servido.
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