
DE SAN BERNARDO
Lunes, 10-11-08
Los jugadores del Real Madrid manifiestan que Higuaín «está de escándalo» desde que llegó en 2006. Destacan que Gonzalo fue clave en muchos partidos de las dos Ligas conquistadas. Advierten que su constante evolución le transformará en un delantero de relieve internacional. Una verdad que muchos desconocen porque su fútbol está divorciado de su imagen mediática.
«El Pipita» es el atacante más en forma del Real Madrid. Nunca se comprenderán las razones de Schuster para dejarle en la suplencia frente al Juventus. Rabioso por esa falta de confianza, el sábado se vengó con una plusmarca personal: cuatro goles en un partido. El Málaga pagó los platos rotos de un joven que a sus veinte años se ha convertido en la referencia del conjunto blanco. Humilde, sin vestimentas ni aspavientos de estrella, Gonzalo ha respondido a quienes le acusan de no ser un goleador nato. No lo puede ser, pues su polivalencia implica que juegue como extremo o como segundo punta en beneficio de Van Nistelrooy y de Raúl. En esas condiciones anotó el golazo (1-2) que le dio la Liga al Real Madrid en Pamplona.
No es un delantero al uso. Alto (1,84), sus portentosas cualidades físicas y su velocidad zancuda le permiten rendir tanto por la banda como de punta nítido. Su disparo es potente, demoledor. Un trallazo.
Llegó al Real Madrid con 18 años y se le exigió demasiado. No se asustó. Su carrera siempre ha ido «deprisa, deprisa». Debutó con River a los 17 (29 de mayo de 2005) y a los 18 anotó dos goles en el River-Boca (3-1), uno de ellos gracias a un taconazo monumental. Su progresión era meteórica. Siempre fue un adelantado a su época. Firmar «en blanco» nunca le dio miedo. Tuvo buenos consejeros para digerir el golpe de efecto. Su familia es un árbol genealógico de futbolistas. Nieto de Santos Zacarías «el Piponazo», es hijo del inolvidable defensa Jorge Higuaín «el Pipa». Su hermano Federico milita en el Independiente.
El Valladolid le esperaba
Era tan evidente su proyección que Media Sports Investment, empresa dirigida por Kia Joorabchian, adquirió en agosto de 2006 la mitad de su ficha. River cobró seis millones de euros. Cuatro meses después (14 de diciembre) era transferido al Madrid por 12 millones.
Llegó como un niño, pero siempre demostró la gracia de los grandes: marca goles fundamentales. Enrique Cerezo nunca olvidará el derbi del Calderón de la Liga 06-07. El Atlético merecía vencer, ganaba 1-0 y el imberbe Gonzalo perpetuó el gafe rojiblanco al anotar el empate en los últimos minutos.
Aquella segunda vuelta de su estreno definió las virtudes de «el Pipita». Es un jugador que rinde sin alharacas. Brillante en su opacidad pública. Un jugador de club.
En su primera campaña completa, la pasada, protagonizó ese golazo que otorgó el campeonato en Pamplona. Nunca fue fijo para Schuster. Por eso, ahora se recuerda con resquemor que este verano estuvo a punto de ser cedido al Valladolid. Una prueba más de que la sabiduría de los entrenadores siempre ha sido discutible.
Esta temporada es la primera que recibe una cierta constancia en el once y su respuesta es magnífica. Nueve goles en nueve jornadas. Y suplente frente al Juventus. La lástima es que Gonzalo goza de continuidad porque Van Nistelrooy está lesionado. Es el precio de quienes no son mediáticos.




