ABC.es

Vivir

Ocio

Valoración:
Publicado Domingo, 09-11-08 a las 11:38
El barrio de Saint-Michel, donde se encuentra la sede central del Circo del Sol, está tan lejos del centro de Montreal que incluso a los taxistas les cuesta encontrar el camino correcto. Es un edificio impresionante, que ocupa una superficie de 75.000 metros cuadrados en un lugar que fue vertedero en el pasado —algunas instalaciones de la zona utilizan los gases que desprenden los antiguos residuos y los convierten en energía— y que hoy forma parte de un complejo de las artes circenses denominado Tohu. Cercanas a las instalaciones del Circo del Sol se encuentran la sede de En Piste, una organización de profesionales de las artes circenses de Montreal, y la Escuela de Circo Nacional. Está situado en la Segunda Avenida, en el 8400, número elegido para evocar el año de la creación de la compañía, 1984. Entonces, la compañía la conformaba una veintena de artistas callejeros; hoy trabajan para el Cirque du Soleil (el nombre es ya una marca) cuatro mil personas de cuarenta nacionalidades diferentes. De ellas, mil ochocientas lo hacen en la sede de Montreal.
El «cuartel general» es un auténtico laboratorio. Allí están las oficinas de los distintos departamentos, los talleres donde se confeccionan todos los trajes de las dieciocho producciones que tiene actualmente el Circo del Sol en todo el mundo, y varios estudios donde se ensaya cada nuevo espectáculo y donde se desarrollan los trabajos de formación de nuevos artistas. Y es que antes de incorporarse al Circo del Sol, los aspirantes tienen que pasar un periodo de formación de aproximadamente seis meses en Montreal. Cuando termine 2008 habrán pasado por estos estudios unos quinientos artistas. Aproximadamente un quince por ciento habrá logrado un contrato para actuar con el Circo del Sol.
Dispuestos a la sorpresa
Uno de ellos es Roberto Reyes, un gimnasta mexicano a quien descubrió uno de los cazatalentos del circo durante un campeonato de cama elástica en Quebec. Ya de vuelva en México, se presentó a una audición de la compañía y fue seleccionado para realizar en Montreal el período de formación: «aunque yo soy gimnasta, he trabajado en los mástiles chinos, en el trapecio ruso... Es un aprendizaje muy completo», dice Roberto, a quien hace unas pocas semanas le han dado la alegría de su vida: ha conseguido un contrato para trabajar en la nueva producción que el Circo presentará en Las Vegas el año próximo, y que estará basado en las canciones de Elvis Presley.
«Siempre estamos dispuestos a sorprendernos —asegura Philippe Agogué, uno de los responsables del departamento de casting del Circo—; por eso estamos siempre a la búsqueda de gente nueva: acróbatas, gimnastas o intérpretes que tengan calidad, personalidad y puedan integrarse en la compañía. Más del sesenta por ciento de nuestros artistas procede de la escuela de circo o del mundo de la gimnasia. Y la página web es una manera fantástica de que los aspirantes a formar parte del Circo puedan ponerse en contacto con nosotros».
La mayoría de los jóvenes en formación viven en la residencia que tiene el Circo del Sol cerca de su sede. «Es una convivencia muy enriquecedora —añade Roberto Reyes—, tanto en lo personal como en lo profesional. Cuando llegas aquí, no eres un artista; vienes del mundo del deporte, de la competición, y aquí aprendes a trabajar en conjunto. Aprendes a sentir a los demás, cómo interactuar con ellos, incluso aunque no hablemos el mismo idioma».
Caitlan Maggs es la responsable de formación artística de la compañía. Con ella trabajan cuarenta entrenadores, veinte de ellos de manera fija. «A los aspirantes a entrar en el Circo se les elige primero por su calidad técnica, pero es muy importante su potencial artístico. El objetivo es convertir a los atletas en artistas, pero esto no es una escuela. Lo que hacen más bien es un trabajo de inmersión, como quien viaja a un país para aprender un idioma. Es muy bonito ver cómo una persona sin ninguna experiencia descubre que tiene una faceta artística, y ver cómo la van desarrollando y crece».
Para el período de formación se cuenta con distintas salas donde realizar sus entrenamientos, incluido un gigantesco estudio central. Las actividades diarias de los artistas están ajustadas al minuto, lo mismo que las del resto de los departamentos. Entre estos destacan los talleres de vestuario y zapatería, que envidiarían seguramente muchas firmas de moda.
Trajes, pelucas y zapatos
Alrededor de cuatrocientas personas trabajan en este departamento, de donde salen todos y cada uno de los trajes, zapatos y pelucas que se presentan en los espectáculos del Circo del Sol. «Se hacen unos dos mil quinientos pares de zapatos cada año —cuenta una de las encargadas de la sección—; algunos diseños se fabrican de la nada, otros son adaptaciones a partir de calzado deportivo. Cada personaje en cada espectáculo tiene tres pares de zapatos».
Artesanía y nuevas tecnologías se mezclan en la confección del vestuario de las distintas producciones. Cada figurín está detallado en un libro, la «biblia» del vestuario, que incluye muestras de las telas, los colores, los patrones, el número de botones... En 2008 se van a crear veinticinco mil trajes. «Muchos se pintan a mano —explican orgullosos— y son piezas únicas. Lo importante es plasmar la idea de los creadores». En otros se utiliza la serigrafía —los de «Varekai», el espectáculo que se presenta esta semana en Madrid, se han realizado siguiendo esta técnica—, y también se emplea el teñido “tie-dye” (las telas se sumergen anudadas en el tinte para que el color entre de manera desigual en la tela y ésta dé sensación de desteñida)». El moleskin es el tejido con el que se realiza la mayoría de los diseños, aunque se buscan también efectos metalizados en los trajes y a otros se les aplican distintas técnicas para que sean deslizantes y faciliten la labor a los acróbatas.
Los artistas tienen mucho que ver también en el proceso de vestuario, ya que ellos son el modelo sobre el que se realiza el primer traje, en blanco. Los artistas prueban su comodidad y su adecuación al ejercicio que deben realizar, y sugieren las modificaciones. Después se realiza el patrón y se crea otra pieza, ya en color, que volverá a pasar la prueba del artista, antes de que el diseño se convierta en definitivo. Se hacen dos trajes de cada figurín como media, pero de los que tienen más desgaste se pueden hacer hasta diez.
A pesar de que el Circo del Sol ha revolucionado el arte circense y lo ha dotado de una extraordinaria modernidad, la compañía no olvida la tradición. «Hace no mucho —cuenta Philippe Agogué— viajé a México para una audición; necesitábamos un artista para un número en la rueda de la muerte, y un compañero me dijo que había un circo en la montaña que lo hacía. Se llamaba el Circo Americano Vázquez, estaba en una zona parecida a las favelas de Brasil. Lo formaban cuatro coches y veinte personas, y daban cuatro funciones diarias. Me entusiasmó, y contratamos a dos de sus artistas».
El Circo del Sol crece constantemente. «Antes hacíamos una creación al año; ahora son tres —dice Pierre Phaneuf, director de Creación de la compañía—. En estos momentos preparamos cinco producciones. Las ideas no faltan, y tenemos una red de creadores y directores con los que trabajar. Nuestro desafío ahora es mantener una dimensión humana, porque nuestros espectáculos tienen un único fin, que es emocionar al público. El reto es mantener el espíritu familiar a pesar del tamaño cada vez mayor de la empresa. Lo esencial en el Circo del Sol es el artista, el ser humano. Nuestros espectáculos son un homenaje a la belleza, y detrás de ellos, sobre todo, hay grandes seres humanos que nos conectan con nosotros mismos».
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...
Consulta toda la programación de TV programacion de TV La Guía TV

Comentarios: