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Domingo, 09-11-08
Una semana después del asesinato, en el que el primer viernes sin Maores, la puerta de entrada al edificio de la Rambla Sant Jordi de Ripollet donde vivía la víctima parece un mausoleo. En plena calle, a uno y otro lado del portal, se agolpan decenas de velas y pequeños carteles con mensajes de cariño hacia esa niña de 15 años que ya no está entre nosotros. Vecinos del inmueble y transeúntes pasan por delante de este improvisado monumento conmemorativo sin apenas inmutarse, ocupados en sus quehaceres. ¿El dolor como rutina o una rutina para combatir el dolor?
En todo Can Mas, un barrio de gente trabajadora, se habla de lo mismo. De cómo en la madrugada del sábado de la semana pasada Maores fue degollada, apaleada y desfigurada en una solar cercano a su casa, a pocas manzanas de una comisaría de los Mossos, después de salir a la calle con dos compañeros de instituto que conocía y que la fueron a buscar a casa: Sergio, de 15 años, un, al parecer, «más que amigo»,y Luis, de 14. Ambos fueron detenidos. Uno, Luis, culpa a Sergio del horrendo crimen; el otro, culpa a un tercero, «un tal Abel», que los Mossos creen que no compareció, si es que existe.
El caso de Maores está aún plagado de misterio. Muchas preguntas por responder que chocan con el silencio institucional impuesto por la Justicia y la Policía; un terreno abonado para que los rumores campen por sus anchas sin confirmación. «Se han dicho muchas mentiras que en su día aclararé», dice Rubén Rivas, el padrastro de Maores, al que sorprendemos en plena calle, delante de su casa. Está indignado con algunas informaciones publicadas en los medios de comunicación, mas no especifica cuáles. «De momento no queremos hablar, además la investigación no ha terminado», afirma Rubén, aunque uno teme que ya haya garlado, o acordado hacerlo, para otros. Quién sabe si en una televisión que sabrá compensarle las molestias.
Móviles

La familia de Maores se vio retratada ante el ojo público y se indignó. Familia humilde: un hermano de 17 años, un padrastro que trabajo en la construcción, la madre que hace tareas de limpieza y una abuela con problemas de movilidad. Ayudados por los servicios sociales. La víctima, decían que no iba mucho a clase y se insinúa que era un poco frívola. «Han dicho que era una pendona y no es verdad», tercia su amiga Tamara. Demasiado tarde.
Y se sugieren problemas con la bebida de la madre. Y se dice que su padrastro tardó horas en ir a buscar a su hija por el barrio después de que sus compañeros de instituto la reclamaran por el portero automático ye ella bajara a la calle en ropa de andar por casa.
La versión oficial no puede acudir aún al rescate de la familia para desmentir falsas acusaciones y desviar la atención mediática hacia otras presas. Como los detenidos. «Eran chicos normales», decían algunos compañeros de instituto. «Eran chulillos, pero no violentos», añadían.
Sergio, el presunto autor del asesinato, es una incógnita. Se dice que estaba en tratamiento psicológico desde niño, mas no ha trascendido por qué. «Su familia está muy afectada y no quiere hablar», zanja su abogado, Jordi Llobet.
¿Y el móvil del crimen? Pues hay varios mientras justicia no se cribe entre tanta versión, aunque hasta ahora todos se engloban en la categoría de «por motivos sentimentales». Llámese pasión, escarceos amorosos, amor inocente y adolescente u otra cosa.
La amiga Tamara revela que Sergio iba a pedirle a Maores que salieran juntos. Quizás pagó un «no» con su vida. Otras fuentes sostienen que Sergio se enfadó con Maores por colgar en Internet un vídeo hecho con el móvil de ella en el que se veía a ambos besándose. Era un vídeo comprometido para él, ya que tenía novia.
Internet está omnipresente en este caso. Maores tenía varios fotologs (blogs con fotos) que ahora se inundan de mensajes de tristeza y rabia. Y también los tenían sus supuestos verdugos, a los que vengadores anónimos difamaron colgando fotos suyas en «Youtube» que los Mossos ya mandaron retirar.
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