R. A.
CÓRDOBA. Hay conflictos entre padres e hijos que es imposible resolverlos en casa. Lo saben bien las 867 familias cordobesas que en estos momentos se benefician de los equipos de mediación municipal de la Delegación de Bienestar Social, que tratan de enderezar la conducta problemática, antisocial o violenta de los más pequeños del hogar.
Un informe elaborado por el Departamento de Servicios Sociales Comunitarios del Ayuntamiento detalla que 216 de los 867 casos citados reciben apoyo de unidades de convivencia, mientras que otros 45 han llegado a una situación límite. En el lenguaje administrativo, se denominan «problemas graves de integración social», entre los cuales se incluyen el absentismo y los desajustes graves en los centros educativos. La citada unidad del Consistorio incluye algunas líneas de actuación más, como son las escuelas de verano para padres e hijos y servicios de apoyo socio-educativo.
El informe de los Servicios Sociales Comunitarios precisa que «se trabaja a nivel preventivo, para evitar que empeoren situaciones familiares de riesgo, además de dar un tratamiento individualizado a las familias que lo precisan».
No obstante, cuando los técnicos municipales detectan que el trastorno de la convivencia doméstica es más grave debido a la conducta del menor o de los menores en cuestión, envían a los padres directamente a Salud Mental, que es una de las unidades del Hospital Reina Sofía y que cuenta con especialistas en tratamientos para menores.
¿Cuáles son las causas que desencadenan un comportamiento asocial de los menores en el seno familiar? «Son múltiples», señala Susana Barrilero, que es una de las responsables del taller de orientación familiar que se desarrolla en el centro cívico de Levante, en el que se integran treinta y dos padres y madres. «Muchas actitudes extrañas o anormales de los niños están relacionadas con la ruptura de la pareja, o con problemas económicos y con trastornos mentales de los padres», añade esta educadora comunitaria. «Pero cada caso es cada caso», agrega.
«Cuando los chicos son ya adolescentes, puede ser que el ámbito familiar no sea el causante de sus problemas, sino que vengan dados por motivos propios, debido a que ellos mismos, en sus relaciones sociales, hayan entrado en conflicto con algo que es ajeno a los padres», tercia Marta Luna, que también es educadora comunitaria en el centro cívico situado en la avenida de Carlos III.
Los talleres de mediación en los que se emplean estas dos profesionales son uno de los vehículos que el Consistorio pone a disposición de los ciudadanos para calmar controversias familiares. En estos programas participan tanto los padres como los hijos. Son las madres las que acuden, más que los padres, a pedir ayuda a los centros cívicos por este asunto.