YA ha sido elegido, con una mayoría muy rotunda, con control sobre las dos Cámaras del Congreso, con un éxito de movilización sin precedentes y una agenda de promesas de felicidad ilimitada. Barack Obama ya ha entrado en la historia tras una campaña brillante y una jornada electoral que revela toda la grandeza de la democracia norteamericana. El entusiasmo en las calles norteamericanas es genuino y digno de entenderse y ser compartido. Precisamente por ser el reflejo del valor de la ilusión y la esperanza. Otra cosa son ya las muchas jactanciosas opiniones enanas que a este lado del Atlántico se hacen, normalmente desde el desconocimiento y esa arrogancia petarda del antiamericanismo español, de los que se creen que Obama les ha dado a ellos la razón y va a ser menos americano que sus antecesores. De esos que aseguraban el martes que sólo votarían a McCain los racistas y los tontos. Es ese sectarismo que se ha extendido por nuestro país y que hace tan difícil percibir y concebir la grandeza que demostraron Obama y muy especialmente McCain con su brillante y conmovedor discurso de aceptación de la derrota. Pero estos grandes gestos de patriotismo, gallardía y calidad humana son perlas para la piara de comentaristas de la secta.
El presidente saliente George Bush le ha recomendado a Obama que sea muy feliz durante las semanas que le quedan antes de su toma de posesión, porque después va a tener poco tiempo y motivo para serlo. Parece que algunos no le quieren dar ni estos días de gozo y asueto. Horas después de anunciarse la victoria de Obama ya tiene el primer órdago sobre la mesa. El presidente ruso, Dimitri Medvedev, no había felicitado aun al vencedor cuando anunciaba el despliegue de misiles en la región rusa de Kaliningrado, la antigua Königsberg, en esa cuña de territorio ruso junto a los estados bálticos de la OTAN y Polonia. También ha anunciado acciones ofensivas como la instalación en aquel territorio de sistemas electrónicos para interferir las comunicaciones del sistema de misiles norteamericanos en Polonia y la República Checa y sabotear así este sistema defensivo que no está dirigido contra Rusia sino contra posibles misiles balísticos de Irán. Un gesto poco amistoso éste del Kremlin al nuevo inquilino de la Casa Blanca. Washington tendrá que responder a este reto y ya veremos en los próximos meses cómo lo hace. Claro está que todos los rivales y enemigos de Estados Unidos van a probar ahora al nuevo presidente. ¡Ay de Obama como se confirmen las sospechas de incoherencia e incertidumbre en estos primeros pulsos! Lo que parece ya claro es que entre las primeras iniciativas de Obama, al que algunos aquí presentan como un pacifista tan puro como nuestra ministra de Defensa, será exigir a los europeos más tropas para Afganistán. Y tropas para combatir y ganar la guerra a los talibán, no para estar acuarteladas en autoprotección, haciendo cuatro obras de caridad humanitaria en las cercanías de sus bases. Las inmensas expectativas de los electores norteamericanos generarán pronto, inevitablemente, decepciones. Las ilusiones de quienes han presentado en Europa a Obama como un santo laico están condenadas a la frustración.

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