
FRANCISCO SECO Miguel Ríos, ayer durante la presentación de su disco
Miércoles, 05-11-08
MANUEL DE LA FUENTE
MADRID. El libro de la historia del rock and roll español no es todavía un tomo de envergadura considerable. Pero en ese libro ya hay escritos unos cuantos folios de lectura obligada, como el capítulo aparte que se merece Miguel Ríos, cuarenta y cinco años al pie del cañón rockero, al pie del micrófono.
Y, aunque alguno no lo crea, ahí sigue, con nuevo disco en las veteranas alforjas: «Solo o en compañía de otros», álbum cuya apuesta principal tiene nombres muy propios, como el del productor José Nortes, o los de Quique González, Carlos Raya, Jorge Salán, Jose Ignacio Lapido, Carlos del Amo (de We are Balboa, cuya voz cantante es Lúa, la hija del propio Miguel), Txetxu Altube (de Los Madison), músicos en su mayoría de una nueva y refrescante hornada. «En contacto con gente joven te oxidas menos -explica el cantante granadino-. Porque es gente que te da un plus. El verdadero hallazgo de este álbum no son las canciones, ni siquiera mi trabajo, sino conocer y trabajar con todos estos grandes tipos a los que no conocía de nada».
Charlar con Miguel es hablar de Bill Wyman y de Clapton, de las veladas del Price y de Mike Kennedy, pero también de la pasión por el Real Madrid, de Puskas, de Alfredo Di Stefano («vamos Tigre», le animaba la Saeta Rubia en los partidos de veteranos), de gimnasios y gimnasias, de sustancias y gente sustanciosa, de amigos que se fueron y de la suerte de seguir en la brecha, «algo que ha sucedido porque no se me ha caído el pelo, tengo más pelo que talento».
Es charlar con un tipo que hace más de cuarenta años salió de Granada «con mil quinientas pesetas que me dio mi madre» y que sabe que «la vida me ha dado muchísimo. Además, aprendí de joven que unas veces tendría éxito y otras no, y que debía saber vivir con ello. Aunque seas músico no puedes estar perennemente a la aprobación de la gente». Medio siglo en la carretera («por supuesto que ha habido curvas peligrosas, y algunos derrapes, tanto humanos como musicales») le contemplan. Como él contempla («ésa ya no es mi batalla») a las nuevas generaciones vivir el rock en internet. «La música, tal como la hemos entendido hasta hoy, desaparecerá. Igual le sucedió a la pianola cuando nació el gramófono». Hijo del rock and roll, una vez más, bienvenido.


