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Lunes, 03-11-08
La experiencia más reciente no ofrece muchas razones para el optimismo. Aunque Estados Unidos tiene un sistema político mucho más vibrante, participativo y transparente que otras democracias occidentales, la logística de su sistema electoral -tan peculiar como descentralizada en 10.000 jurisdicciones diferentes- deja bastante que desear. Tal y como quedó en evidencia durante el fiasco de recuento en Florida hace ocho años y las dificultades para determinar un ganador hace cuatro. Con el agravante de reincidencia de cara al próximo martes.
De forma anticipada, republicanos y demócratas ya han organizados sus respectivos ejércitos de abogados afines para intervenir en posibles conflictos antes, durante y después de medir la voluntad popular de Estados Unidos. La campaña de Barack Obama, por ejemplo, tiene previsto desplegar un contingente de cinco mil letrados solamente en Florida. Sin que falte precisamente para posibles litigios ya que la lista de frentes abiertos resulta inquietantemente abultada:
Registro de Votantes. Para poder participar en las elecciones, los nuevos votantes tienen que registrarse ante sus autoridades locales. La campaña de Barack Obama ha realizado un masivo esfuerzo para facilitar estos trámites con ayuda de organizaciones de activistas como ACORN. El problema es que algunas jurisdicciones han descubierto un significativo número de registros falsos o inválidos, incluido toda la alineación de los «Cowboys» de Dallas y Mickey Mouse. Con todo, hasta el famoso ratón tendría que presentar adecuada identificación para poder transformar su registro en un voto formal.
Nuevos sistemas. Los mayores problemas se anticipan en condados que han cambiado recientemente de método de votación. Especialmente en todo lo relacionado con urnas electrónicas, especie de cajeros automáticos programados para cada elección, en combinación con la dificultad que supone también crear, a modo de salvaguardia, comprobantes en papel para cada votante. La mayoría de los dos millones de voluntarios que supuestamente van a manejar las mesas electorales el 4-N son jubilados, muy poco familiarizados con ordenadores. Sin olvidar tampoco la complejidad de papeletas que combina la Casa Blanca, el Congreso federal, cargos estatales y toda clase de consultas populares.
Reparto de recursos. La distribución de máquinas de votación se realiza teniendo en cuenta pasados índices de participación. La campaña de Obama anticipa una desventaja en mesas electorales con un alto número de afro-americanos, segmento del electorado que se supone más interesado que nunca en votar. Grupos como la Asociación de Abogados Americanos o la Liga de Mujeres votantes están exigiendo preparativos adecuados y máximo provecho de la legislación («Help America Vote Act») adoptada en el 2002 para solventar con ayuda de 3.000 millones de dólares todos estas cuestiones.
Requisitos de identificación. La ley federal exige más controles en la identificación de votantes pero cada estado interpreta esta obligación de forma diferente en un país sin D.N.I. nacional y donde hasta un 10% de la población con derecho a voto carece de identificaciones oficiales, como un carné de conducir. En los estados que permiten la opción de voto anticipado ya se han registrado problemas de diferencias entre bases de datos de identificación, con las consiguientes querellas.
Récord de participación. Si el interés demostrado en las primarias se materializa también en las generales, Estados Unidos puede llegar a un récord de 130 millones de votantes. Plusmarca que pondrá a prueba todo el sistema. Además de producir con seguridad grandes colas disuasorias para algunos electores, ya que el 4-N no es un festivo ni existe obligación nacional de ofrecer tiempo libre para ir a votar.
Resultados incorrectos. A la vista de las malas experiencias acumuladas durante los pulsos Gore-Bush y Kerry-Bush, se espera que el consorcio de grandes medios de comunicación (ABC, CBS, NBC; CNN, Fox y la agencia AP) encargado de estimar los resultados de cada Estado sea esta vez especialmente cuidadoso a la hora de avanzar resultados. Sobre todo, ante la dificultad añadida de computar masivas operaciones de voto anticipado y el efecto que pueda tener la raza de Obama en la sinceridad de votantes entrevistados a las puertas de cada mesa electoral. Durante las primarias demócratas, las llamadas «exit polls» han sobre-estimado el respaldo hacia Obama en 18 Estados de la Unión por una significativa y distorsionada media de 7 puntos porcentuales.
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