De la Red es retirado a los vestuarios en camilla
Actualizado Viernes, 31-10-08 a las 13:28
Minuto trece. Un centro de Míchel Salgado es rematado mal por Higuaín. Saque de puerta. Los jugadores del Real Madrid que participan en la jugada de ataque inician el repliegue. De repente, Rubén de la Red se desploma sobre el césped sin nadie a su alrededor. La caída es brutal, sobrecogedora. De bruces y de manera descontrolada.
Los compañeros rodean a Rubén enseguida. No se mueve. Cunde el nerviosismo. Piden las asistencias médicas. Sobrevuela la tragedia. Drenthe no puede contener los nervios. Los cincuenta metros que separan el banquillo del Madrid se convierten en interminables. El doctor Juan Carlos Hernández llega en un pispás. Hay que manipular la boca para que no se trague la lengua. El silencio de la grada alimenta la incertidumbre. Tiene la mirada perdida y sigue sin moverse. Los segundos se convierten en minutos. Más tensión.
Enseguida se despiertan viejos fantasmas del pasado. Como los de Niklas Feher en el Benfica o el de Antonio Puerta en el Sevilla. Dos minutos después varios jugadores levantan el pulgar. Ha recuperado la consciencia. Una señal positiva. Se mueve mientras una camilla le traslada al vestuario. Las decisiones se toman con rapidez. La ambulancia espera en una de las puertas. Desde dentro llegan las primeras noticias. De la Red responde con coherencia a las preguntas del doctor. El primer diagnóstico habla de un simple mareo, de una bajada de tensión.
Para mayor seguridad, el jugador es trasladado a un centro hospitalario cercano al estadio. Sube a la ambulancia incorporado sobre la camilla. Antes ha hablado con su mujer para tranquilizarla. Le espera el chequeo de rigor. Un electrocardiograma y otras pruebas complementarias para despejar dudas. «Síncope por esfuerzo», decía el doctor Carlos Diez a la puerta del hospital.
Mientras el partido siguió, aunque el corazón de muchos se había encogido. El Real Madrid fue fiel a sus apariciones en la Copa. Primera jugada y primer gol en contra. Juan Domínguez sacó los colores a Salgado. A remar. Higuaín marcó el empate, pero el diablillo Domínguez volvió a sonrojar al lateral antes del descanso. Pero poco importaba el resultado porque todo el mundo estaba pendiente de De la Red.
Las noticias que llegaron de la clínica tranquilizaron al vestuario. «Vuelve a casa con todos». Algo necesario para afrontar la segunda parte. El Madrid no se entonó pese a que Saviola logró el tanto del empate, que sirvió para acabar con la maldición del «9» blanco, que no marcaba desde hacía dos años. Pero la caraja de la defensa se completó con otro regalo en un balón cruzado.




