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Publicado Martes, 28-10-08 a las 03:14
«Es la política, de manos de dirigentes como Rodríguez Zapatero, la que resolverá los problemas del mercado y de nuestro sistema financiero», sentenció ayer José Blanco después de una reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE, que decidió apoyar sin ambages los esfuerzos del Gobierno por que España asista a la cumbre del G-20 en Washington. «El mercado había expulsado a la política» en pleno frenesí «neoconservador» de los años 80 y 90, y ahora «más que nunca, es la hora de la política», insistió Blanco, pero no de cualquiera, sino de aquella por la que apuesta Zapatero: «más control, más supervisión y más transparencia» a través de una reforma en profundidad del FMI. Porque España, prosiguió el vicesecretario general socialista, es el país que está mostrando realmente liderazgo «promoviendo alternativas en la UE frente al pensamiento neocon» que nos ha llevado a esta situación. Que nadie se equivoque: «frente a una crisis ideológica (neoliberal), debe haber una respuesta ideológica (socialdemócrata)», indicó el «número dos» del PSOE.
Primeros apoyos exteriores
De momento, ayer, el presidente del Gobierno logró lo que no pudo, al menos de cara a la opinión pública, en su reciente viaje a la cumbre UE-Asia en Pekín: apoyos explícitos del exterior a la presencia de España en una cita que se pretende sea la refundación del sistema financiero internacional, un nuevo «Bretton Woods» (1944). El presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, afirmó en el foro Europa Press-KPGM, en Madrid, que «está absolutamente claro que en esa cumbre se justifica la presencia de España en el proceso de reforma global por motivos históricos». Y la austriaca Benita Ferrero-Waldner, la comisaria de Relaciones Exteriores de la UE, que ayer se entrevistó con Zapatero, le transmitió su apoyo.
En el PP también suscriben que España esté presente en la cumbre de Washington, aunque no desaprovechan la ocasión de afirmar que «Zapatero recoge lo que ha sembrado con su nefasta política internacional», según sentenció la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, que abundó en esta idea al afirmar en otro momento de su comparecencia que «quien siembra vientos, recoge tempestades». Cospedal también dio un toque de atención al Gobierno y a los ministros «que siguen insultando al anfitrión de la cumbre», esto es, a George W. Bush, y llegó a señalar que la principal dificultad a la presencia de España en dicha cita no es otro que Zapatero. «Lo único que decimos es que es bueno estar y que tenemos un presidente que dificulte que España esté», resumió la «número dos» del PP, que rechazó la posibilidad de que nuestro país acuda como «oyente» por entender que «si España está debe hacerlo en las mismas condiciones que los demás. No se entendería que estuviera de otra manera». Además, indicó que no le constaba que nadie de su partido esté haciendo gestiones internacionales, pero tampoco que el Gobierno les ha solicitado ninguna ayuda.
Hasta Fidel Castro se pronuncia
En el debate sobre si España debe o no estar en Washington terció ayer hasta el líder cubano Fidel Castro, que asegura que nuestro país «no ha sido oficialmente invitado por la actitud rencorosa de Bush, que no le perdona el retiro de las tropas españolas de Irak». Castro se hace eco de unas declaraciones de Hugo Chávez, quien considera «imposible» refundar el capitalismo porque es como intentar «poner a navegar al Titanic después de que está en el fondo del Océano».
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