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Publicado Martes, 28-10-08 a las 18:31
Cinco años son los que han tardado los responsables de Tiffany en encontrar el local de sus sueños para su desembarco en Madrid. Al final ha sido en plena Milla de Oro de la capital, en Ortega y Gasset, donde la joyería que volvía loca a Audrey Hepburn abrió sus puertas anoche para recibir a sus primeros clientes y sin embargo amigos que para algo fue una fiesta de glamour y lujo, el contraste más apetecible en plena crisis económica.
La propia Raffaella Banchero, directora general de Tiffany en España e Italia. ha reconocido que “como una d elas principales joyerías del mundo nos complace estar presentes en Madrid, un ciudad con un gran patrimonio cultural, estilo y sofisticación”.
Dicen que en los momentos de desplome bursátil es cuando hay que arriesgar y tal vez por eso o porque era la fecha prevista y ya no es plan de echarse atrás es por lo que en los últimos días Madrid recibe no sólo los diamantes de Tifanny sino también la alta costura de Oscar de la Renta o el nuevo “look” de Marc Jacobs, firmas que acaban de inaugurar sede en la capital y no se conocen precisamente por estar al alcance de cualquier bolsillo.
Será la suma de contrastes lo que alegre el oscuro panorama que se avecina y para muestra ahí está el impresionante diamante que se presentó en la fiesta de anoche y que es la joya de la corona de esa firma. 128,54 quilates tallados en 82 caras y con sólo dos centímetros y medio de ancho para que el brillo sea el máximo es lo que mide esta joya que aparecíó en una mina de Sudáfrica en 1877 y que es casi imposible ver fuera de su sede en Nueva York. Como cosa extraordinaria la valiosísima pieza (no está en venta) llegó hasta Madrid acompañada por la famosa sortija de platino y brillantes con la que Hepburn desayunó en la pantalla grande y algunos de los diseños que han realizado Paloma Picasso o Frank Ghery. Por supuesto quien entre en Tiffany pensará que se encuentra en plena Quinta Avenida de Nueva York dado que la decoración es la misma que dejó para la posteridad el filme de Truman Capote.
El fin de fiesta con cerca de trescientos invitados se celebró en un palacete cercano a la tienda donde MacPherson fue la joya más deseada por todos los objetivos. Junto a ella no faltaron algunos clásicos del glamour como la estupenda Nati Abascal y sus no menos estupendos hijos Luis y Rafael, entre muchos otros.
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