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«La solución es sencilla: que sea optativa, como la religión»

POR FÉLIX IGLESIAS
VALLADOLID. La familia De las Peñas ha presentado seis objeciones de conciencia a Educación para la Ciudadanía, pero sólo su hija de 13 años de edad debía cursar la asignatura este año, ya que los otros cinco no lo harán hasta los próximos años y otros tres ya están en la Universidad. El padre de familia Javier de las Peñas es claro en su rechazo a la nueva asignatura: «Nos oponemos a la imposición contra nuestra conciencia de una materia que aborda cuestiones del ámbito estrictamente familiar, moral y personal».
Apoyada por la plataforma Padres por la Libertad, esta familia de Valladolid denuncia que la presentación de la declaración de objeción de conciencia ha supuesto para muchos un tramite burocrático engorroso, pues «en pleno verano la Consejería de Educación nos pidió el certificado de matriculación y el Libro de Familia, lo que ha echado para atrás a muchas familias». No obstante, las familias objetoras -incluidas las que han recibido «el visto bueno» de la Administración -150 de las 3.000 presentadas-, están disconformes pues la resolución administrativa de su petición subraya que no se puede objetar a una materia obligatoria impuesta por el Gobierno central. Javier acusa al Ejecutivo castellano y leonés de no afrontar el rechazo de muchas familias a Educación a la Familia. La oposición a la nueva asignatura no se debe a cuestiones relacionadas con la Constitución o los Derechos Humanos, sino a cuestiones como «la orientación afectivo-social y otras relacionadas con la intimidad». Además, en opinión de Javier de las Peñas, en el tema de los Derechos Humanos «la asignatura los convierte en valores absolutos, olvidándose de los valores religiosos». En la primera semana de clase, su hija de segundo de la ESO, matriculada en el colegio Alcazarén de Valladolid no ha tenido problema alguno para ejercer su objeción de conciencia. Su padre reconoce «que se han portado muy bien con ella. La profesora dedicó la primera clase a explicar la asignatura y anunció que nuestra hija ejercía la objeción». En cuanto a las actividades que está realizando mientras se imparte Educación a la Ciudadanía saben que será una hora de estudio que «está aprovechando para hacer deberes o repasar aquellas asignaturas que más le cuestan», apunta su padre.
Preguntado por la advertencia realizada por las autoridades educativas de que aquellos alumnos que no asistan a las clases de Ciudadanía no obtendrá el título de graduación, De las Peñas arremete contra el Gobierno por «esta imposición dictatorial», ya que cuando «se permite pasar de curso con hasta cuatro asignaturas suspensas y ahora le dan a esta nueva materia una importancia por encima de la Lengua o las Matemáticas». De todos modos, se muestra esperanzado por los primeros fallos judiciales que están dando la razón a algunos objetores, aunque parece que será el Tribunal Supremo el que fije la jurisprudencia definitiva en unos meses. En caso de que la sentencia sea contraria a los intereses de familias como ésta de Valladolid, Javier reconoce que la decisión de objetar es sin duda «un riesgo que asumimos». Si así fuese, «en el último trimestre estudiaría la asignatura para aprobar con un cinco raspado y olvidarse de ella inmediatamente».
Aunque personalmente están radicalmente en contra de Ciudadanía no apuestan por su erradicación, sino que recuerdan que «la solución es bien sencilla: que sea optativa como lo es la Religión».
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