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Domingo, 26-10-08
Fernando, Christian, María Eulalia y Mustapha tienen, hoy, una cosa en común: están en paro. Comparten los efectos negativos de la crisis económica y esa especie de lotería negra que le deja a uno sin empleo y sin ingresos de la noche a la mañana. El impacto y la conmoción del primer momento dan paso, poco a poco, a la angustia, el estrés e, incluso, la depresión.
Poco les importa a ellos cuatro que ahora mismo, en la comunidad madrileña, haya unas 240.000 personas en su misma situación. No les vale eso de «mal de muchos, consuelo de tontos» porque las necesidades básicas, las hipotecas, los estudios de los hijos, los impuestos y los pagos de la comunidad de vecinos no perdonan.
El panorama en España es poco alentador: según los datos de la última EPA (Encuesta de Población Activa), el paro se ha disparado hasta el 11% y alcanza ya a 2.598.800 personas. Hay familias en las que todos sus miembros están desempleados. Dentro de este inquietante dato, la región madrileña se ha despegado del descalabro general y, por el contrario, ha dado su «do de pecho». Según esa misma EPA el número de parados en la Comunidad de Madrid se ha reducido en 11.800 personas respecto al trimestre anterior, lo que supone un descenso del 4%. Es la única donde ha ocurrido tal cosa. Madrid se sitúa así en una posición no tan mala respecto al resto de las comunidades. Además de ser la única donde más ha bajado el paro, los datos de ocupación señalan que Madrid lidera el «ranking» de comunidades en las que se creó empleo en ese trimestre del año, el tercero. Hubo 26.100 nuevos ocupados para un total de 3.0086.800.
La EPA del tercer trimestre del año también refleja que Madrid se mantiene a la cabeza en cuanto a estabilidad en el empleo. Así, la tasa de temporalidad en la región se sitúa en el 23,74%, casi seis puntos por debajo de la media española, que está en el 29,53%.
Los datos para Madrid son buenos, dentro del mal general. Vale. Pero a Fernando, a Christian, a María Eulalia y a Mustapha nadie les quita de la cabeza su «come-come» y la forma en la que van a encarar la jornada de mañana, la de pasado, la del mes que viene... A los tres primeros nos los encontramos en una oficina de empleo de la capital, con sus papeles en la mano, aguantando colas y escuchando aquello de «lo siento, ahora no nos entra nada. El trabajo está mal, pero no se preocupe, le llamaremos».
Mustapha, también parado, nos contó su situación mientras asistía a uno de los cursos que se imparten en el Centro de Formación que la Consejería de Empleo tiene en Moratalaz. Ellos son el rostro del paro en Madrid. Están asustados pero confían en el futuro.
María Eulalia Álvarez
«Préstamos por todos los lados»
«Trabajaría en lo que fuera». Es lo primero que nos dice María Eulalia nada más salir por la puerta de la oficina de empleo. «Bueno, más bien, desempleo», nos matiza con toda la razón. Acaba de dejar todos sus datos en un mostrador. Espera tener una respuesta muy pronto. «Soñar es gratis», comenta mientras respira hondo. Su carácter es amable y habla pausadamente. Parece estar muy entera. Pero lo suyo ha sido un auténtico calvario. Tiene 46 años, está casada y dos hijos. «El pequeño vive con nosotros».
María Eulalia trabajaba de cajera en un supermercado desde 2005. En realidad, era la encargada de ese negocio. «Me dio un ataque de ansiedad. Me sentí muy mal. Tuvieron que llevarme a urgencias. En el trabajo primero me dijeron que me tomara unas “vacaciones”, luego que si quería me preparaban los papeles del paro... Que no me preocupara porque yo siempre tendría ahí un puesto de trabajo. Qué va. Al final, ha sido todo muy complicado y me han dado un finiquito ridículo. Ha habido bastante picaresca pero creo que la culpa la tengo yo por no haber reaccionado a tiempo y creérmelo todo».
Menos mal, comenta, que su marido sí trabaja.«Vivimos de alquiler. No tengo hipoteca pero tenemos que hacer frente a un pago mensual por la vivienda. Ya digo, no hay hipoteca pero sí muchos préstamos. ¡Tengo préstamos por todos los lados!». «He tenido ataques de ansiedad. Estoy desesperada pero confío en encontrar empleo. Espero que saliendo en el periódico alguien se fije en mí porque ganas de trabajar tengo muchas». Con su sonrisa pegada a la cara, María Eulalia nos dice adiós. Va a hacer otras gestiones «porque la casa se me cae encima».
Christian Clavo
«Necesito pedir dinero»
A sus 19 años, Christian Clavo Raña tiene muy claro que «como no encuentre trabajo rápido, me lo monto para ser cocinero o policía municipal». Alto y espigado, Christian ha elegido un atuendo muy deportivo para ir a la oficina del paro. «Yo sé que mi caso no es tan dramático como el de otras personas que tienen hijos, gastos, letras que pagar y todas esas cosas. Yo vivo con mi madre y con mi tía pero necesito pedirles dinero y eso no me gusta nada. Me da vergüenza».
Este joven ha trabajado en «El Corte Inglés» y en «Pull &Bear». «Ya, pero siempre ha sido de forma temporal. Está bien, porque aprendía mucho. Además me gustaba. Creo que sé estar cara al público. Me he “chupado” alguna que otra campaña de Navidad y me entretenía mucho. Me lo tomaba con mucha responsabilidad y ganas», comenta el joven.
A Christian le vimos salir pensativo de la oficina de empleo. ¿Cómo se ha dado?, le preguntamos. «Bueno. Yo venía porque me han llamado para hacer un curso. Está bien. Si estás sin trabajo, por lo menos que te enseñen algo. A mí de lo que me gustaría acabar es de cocinero o de policía municipal. La cocina parece que está más de moda. Lo de policía es muy duro. Ya veré lo que hago».
«La verdad: no quiero depender de nadie. Me dicen que soy muy joven y que no desespere, pero es que no puedo estar todo el día pidiendo, no ya para mis necesidades, sino para mis caprichos. Si te soy sincero, no tengo muchas esperanzas a corto plazo. Esta crisis lo está dejando todo muy chungo».
Fernando de Julián
«Ahora paga el piso mi hermano»
Tiene 35 años y está soltero. «¡A ver. Qué quieres! ¡Menuda situación la mía!». Fernando de Julián confiesa que en toda su vida no ha tenido un trabajo estable. «He picado de aquí y de allí. He estado de barrendero, de camarero. Esto último es lo que más me ha durado, tres años». Tiene estudios de Educación General Básica, la antigua EGB y «muchas ganas de currar. En lo que sea; en lo que salga. No voy a poner pegas. No me asusta el trabajo», dice.
Fernando no tiene familia propia pero sí paga un piso en los nuevos desarrollos urbanos de Vallecas. Se metió a medias con su hermano. Ante su situación de desempleo, él no puede hacer frente a su parte de la letra. «Ahora mismo ingreso “cero”. El piso lo paga mi hermano. ¡Qué remedio! Por eso me corre tanta prisa trabajar. No puedo consentir que otros tengan que resolver mis responsabilidades».
Ha pasado por momentos de verdadera angustia y ansiedad. «Depresión no. Me niego. ¡Lo que me faltaba! Hay que estar entretenido. Me he apuntado a cinco cursos de formación. Intenté sacarme el título de vigilante pero no he pasado las pruebas físicas. Lo mismo lo vuelvo a intentar».
Mustapha Bettefal
Con su madre en coma
«Tenía un coche y lo vendí por motivos económicos». Mustapha está pasando por uno de los peores momentos de su vida: está en paro desde hace seis meses y tiene a su madre, de 48 años, ingresada en el hospital «Severo Ochoa» de Leganés en situación de coma. Sin embargo, sus 24 años le dan fuerza para luchar, para tomarse una dosis de esperanza cada día y para mirar el futuro con optimismo.
Es argelino pero tiene regularizada su situación en España. «Vine aquí para curarme de una enfermedad. Decidí quedarme. Ahora estamos mis padres y un hermano pequeño». Mustapha era «mileurista». Trabajaba de comercial y se quedó sin empleo. «Hay noches que me cuesta coger el sueño. Por eso estoy en un curso de formación en aire acondicionado y frío organizado por la Comunidad de Madrid». Eso le mantiene vivo y con proyectos de futuro: «Creo que tiene muchas salidas. No quiero dejarlo. Me gusta. Vivimos de alquiler. Mi mamá está enferma. Yo, en paro, pero hay que luchar porque la vida sigue». Ánimo.
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