
Viernes, 24-10-08
Cualquier viandante de la avenida de Pablo Iglesias, en un céntrico barrio de Gijón, hacía ayer parada frente a la terraza de la sidrería «Darío´s». En la puerta del local, un cartel que dejó a todos boquiabiertos. «¡Menú a un euro!», se oía decir. En el exterior había un gran barullo y, en el interior, ni en las mesas ni en la barra quedaba un hueco libre.
El establecimiento sirvió ayer, por segundo jueves consecutivo, una comida «anticrisis»: tres platos más flan, pan y vino por un euro. Más barato que el café que algunos se tomaron al terminar. De primero había sopa de marisco; de segundo, arroz con costilla; y en el tercero, dos platos a elegir, parrochas con ensalada o pollo campero con patatas. Si el día del estreno el éxito fue total, ayer aumentaron aún más los clientes. En menos de una hora sirvieron más de 120 menús.
La sidrería pasó de 20 comensales diarios a cuatro en meses. La gente alterna menos cuando hay poco dinero en el bolsillo. Y al ver su comedor vacío, Jiménez optó por innovar. «No me quedó más remedio que agudizar el ingenio en tiempos de crisis», reconoció la cocinera y dueña del negocio, Emilia Jiménez.
El jaleo a la hora de comer era tremendo. Las cocineras no daban abasto a preparar los platos y los ajetreados camareros gastaron más suela de zapato de lo habitual. Entre fogones andaba ayer más apurada que nunca la propietaria, aunque el esfuerzo no suponga hacer caja. «No ganamos mucho, más bien perdemos», reconoció.
¿La comida tiene menor calidad? La cocinera asegura una y otra vez que «está rica» y que no da gato por libre. Las «mileuristas» Ana González y Cristina Fernández, con una tercera amiga en paro, Celia García, lo confirmaron. La sopa de marisco, el arroz y el pollo se llevaron de media un «notable». En la mesa de al lado, Roberto Rico y Juan García, dos amigos prejubilados de la minería que se dejaron caer casi por casualidad en Gijón, también le dieron un aprobado. «No es comida de delicatessen pero la relación entre calidad y precio es buena», justificaron.
La idea se dirigía a toda esa gente que «está pasándolo mal», pero se ha extendido a todo tipo de clientes. La justificación es sencilla: «Sale más barato comer fuera de casa que pasar por el supermercado», justificó María Rico, que acudió acompañada de su marido, Javier Rodríguez. Este último añadió a las ventajas el «no tener que lavar los platos».
El éxito ha sobrepasado las expectativas de la sidrería. «Pensamos en aumentar la clientela, pero no tanto», aseguró Jiménez. El menú especial no va acompañado de beneficio pero los propietarios del establecimiento aspiran a obtener rendimiento a la larga. De momento, ya han conseguido una «publicidad impagable».

