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Optimismo y voluntad
Actualizado Viernes, 24-10-08 a las 08:04
Odin Teatret, en su montaje de «Las grandes ciudades bajo la luna»
«Las grandes ciudades bajo la luna»
| ((( |Texto, dirección y escenografía: E. Barba. Compañía Odin Teatret. Intérpretes: K. Bredholt, R. Carreri, J. Ferslev, T. Larsen, A. Omolú, I. Nagel Rasmussen, J. Varley, T. Wethal, F. Winther y D. Kitt. Lugar: Teatro de la Abadía. Festival de Otoño. Madrid.
JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN
El próximo año cumplirá cuarenta y cinco el Odin Teatret, una compañía que todavía enarbola una especie de inocencia alternativa de vieja comuna hippie, casi de secta espiritual empeñada en transmitir el mensaje ecuménico del teatro. Su fundador, Eugenio Barba, habla del Odin como de un elefante centenario que aspira a comportarse como un cachorro, y se encomienda al espíritu de sus maestros Jerzy Grotowski y Ludwik Flaszen cuando habla de la práctica de un riguroso pesimismo del intelecto y un encendido optimismo de la voluntad a la hora de entender su actividad teatral.
«Las grandes ciudades bajo la luna» participa de esa doble vía: parte de la imagen de ciudades vulneradas, en llamas, trizadas por los bombardeos, devastadas por el odio, para levantar una melancólica bandera de esperanza en la capacidad del ser humano para, en sintonía brechtiana, seguir cantando en los tiempos oscuros, aunque sea sobre esos tiempos oscuros.
Todas estas ciudades son el mismo territorio: la China imperial desde donde el canto de Li Po nos llega a través de un médium llamado Ezra Pound; la Halle donde muere Kattrin, la hija muda de Madre Coraje, es Nueva York, o Madrid, Mostar o Hiroshima... La Luna contempla a todas por igual, indiferente y fría. Y en todas el dolor fue, es o será moneda en curso.
Pero no hay crispación ni desgarro, sino más bien sosiego, en esta propuesta nacida, según se explica en el programa de mano del espectáculo, de uno de los habituales trueques -así los llaman- con diferentes colectivos, en este caso un grupo de pacientes de un hospital psiquiátrico de la localidad alemana de Bielefeld.
Las voces de Brecht, Pound y Jens Bjorneboe se trenzan en el conjunto de poemas y música que hablan de tragedias de nuestro tiempo, y de todos los tiempos, con una sensible vibración humana empapada de ese optimismo de la voluntad que, desde un punto de partida pesimista, el Odin ha convertido en su enseña.
Así, canta Mackie El Navaja, viaja Li Po por el río o se derrama sobre el escenario la embriagadora melodía de «Alabama Song» que envuelve a la imaginaria, pero tan real, ciudad de Mahagonny. Un montaje que transmite una sensación de serena rebeldía, de mirada complacida en el espejo de la buena conciencia contemporánea.
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