
CHEMA BARROSO Nadal se reunió ayer con numerosos chavales en Gijón
Viernes, 24-10-08
«No te creas que por pasar una pelotita por encima de una red eres mejor que nadie», le dijo ese sabio hedonista que es su tío Toni, y que le acompaña como ángel de la guarda. Y por eso Rafael Nadal no se cree mejor que nada ni nadie, aunque una revista lo sitúe como el trigésimo ser humano más influyente del Planeta tierra: «Me acabo de enterar de esa clasificación. Son cosas que no tienen importancia. No me noto influyente ni en mi casa». Rafael Nadal llega al Hotel de la Reconquista y paraliza, como en el mejor tie break con Roger Federer, el corazón de su legión de fieles. No cesa, como el rayo de Miguel Hernández, de firmar autógrafos, de saludar, de besar o de acariciar a dos personas impedidas, que le admiran desde su silla de ruedos. Gracias a un periodista amigo conoce al maestro José Antonio Abreu, el alma que le da la vida a muchos chicos, como Rafa, y premio Príncipe de Asturias de las Artes. Se funde en un abrazo porque la música está cosida a su raqueta.
La melodía de la austeridad y de no creerse nada, a pesar de serlo todo, algo muy importante que incardinó Toni Nadal en su sobrino: virtudes de siempre, que no se valoran hoy mucho, como la felicidad verdadera que nace del trabajo, de la disciplina y de la bondad. Porque, para Rafael Nadal, cazadora de cuero negro y camisa blanca debajo, la presión de ser número 1 del mundo del tenis es la que «uno se quiera meter a sí mismo», sostiene.
¿Obsesiones?: «Ninguna»
Nadal asegura que seguirá mejorando su tenis y trabajando duro para mantenerse en la cúspide, descartando absolutamente que ese número 1 le haya hecho perder pulsión tenística: «No creo que sea así. Siendo número 1 he ganado los Juegos Olímpicos de Pekín, he sido por primera vez semifinalista del Open USA, he llegado a las del Master de Madrid y contribuí con dos victorias al equipo español de Copa Davis contra Estados Unidos». Tampoco titulares como «máquina total» o «guerrero zen» le alborotan su cabeza, que tan bien amueblada está: «Yo soy una persona bastante tranquila dentro de las pistas. Un tipo muy calmado. Es la primera vez que oigo esas palabras».
Y obsesiones, ¿tiene alguna? ¿Qué le obsesiona siendo número 1 del mundo? «Nada», responde Nadal: «Yo era feliz como número 2 y, si vuelvo a serlo otra vez, seguiré igual de feliz». A él le educaron así: que las cosas cuesta trabajo conseguirlas, tanto las monetarias como las otras, y no queda más remedio que valorarlo todo. Nadal jamás rompió ni tiró a la basura raqueta alguna, porque «las cosas valen, aunque las regalen». Y, aunque le ha costado ser «the top» en el mundo del tenis, lo agradece con esta sublime dejada sobre la red: «Roger Federer se merece este premio Príncipe de Asturias de los Deportes igual o más que yo. Compartirlo con él habría sido un honor para mí y estoy completamente seguro que Roger será galardonado en un futuro».
¿Qué le ilusiona a partir de ahora a Rafael Nadal? Competir en el próximo Master de Shangai y conseguir una nueva ensaladera [la Copa Davis] para España en territorio comanche y de potros desbocados: en Argentina. «Para eso debemos jugar bien al tenis, nuestro mejor tenis». ¿2008 sería así un año irrepetible? Nadal discrepa: «Ojalá que no. Es el año más especial de mi carrera con diferencia, porque muchos deportistas españoles se merecen este premio, y fuera de las pistas el Príncipe de Asturias es el mejor que me pueden dar. Se lo agradezco a quienes me propusieron y me votaron». El tenista dejó entrever que podría dejar de usar el pantalón pirata: «Me lo propuso Nike, yo probé, me resultó cómodo pero pronto podría haber cambios».
«Amo España»
A la felicidad Nadal ha llegado por disciplina, trabajo, sacrificio y bondad. Y por eso el número 1 del mundo dejó que ayer los niños se le acercaran, más de dos mil, en la Universidad Laboral de Gijón. A ellos les dijo que ama España: «Yo amo Mallorca y las Baleares, pero no por eso dejo de amar España. Todos los pensamientos radicales no son buenos. Todos debemos amar a nuestra tierra, pero también a nuestro país». Y les reveló que le gustaría jugar un doble formando pareja con Federer. Rafa Nadal: el ídolo, el héroe que tiene los pies sobre la tierra, no sobre el barro, y que ha sido arcillado en la austeridad y en la gratitud. Ése es el secreto de su éxito y de las lecciones de corrección que da continuamente desde lo más alto, «porque es posible que seas un ejemplo para los demás y porque tienes que estar agradecido a la vida», como le dice su tío Toni.

