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Martes, 21-10-08
Ya no hay en Occidente intelectuales como los de antes. Zola, Camus, Malraux, son hoy imposibles. En nuestros tiempos, el intelectual influyente está dentro del universo musulmán o en el renaciente Oriente. Indios, chinos, japoneses, coreanos, tal vez rusos (todavía); pakistaníes, árabes, turcos. Ahí está la vaina. Como Diógenes a la búsqueda de un hombre, de vez en cuando alguna publicación de cierta consistencia busca a los intelectuales «más influyentes» en nuestro más cercano mundo, España, América Latina y Portugal. En su edición española, Foreing Policy, nos da algunas pistas de los nombres más influyentes en nuestras vidas actuales. Pero ¿es Felipe González un intelectual? Se puede ser influyente y no por ello intelectual. Se puede ser intelectual y no por ello influyente. Y se puede ser intelectual influyente, ma non troppo. ¿Pedro Almodóvar es un intelectual? No me lo parece. Ni siquiera en su sentido más peyorativo. Un intelectual es aquel que se involucra tanto en el mundo que le ha tocado vivir, como testigo y como protagonista, que termina, con su pensamiento y su actividad, por interpretarlo y modificarlo en alguno de sus sentidos. Y, en todo caso, deja la huella de esa voluntad en cada uno de sus actos, escritos y obra creativa. Por ejemplo, Octavio Paz. O Fernando Savater. ¿Una intelectual Rigoberta Menchú? Apaga la luz y vámonos. Uno de los intelectuales citados se presentó hace algunos años a la presidencia de la República del Perú, y la incultura colectiva prefirió a un oriental que ni siquiera era peruano, aunque «influyó mucho» en el país durante su largo mandato dictatorial. ¿Era Fujimori un intelectual? Salvo el poder absoluto, no sé que otra obsesión intelectual ha tenido Fidel Castro en toda su vida. Y así vamos en los tiempos de crisis.
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