Primera gran manifestación en la región contra la imposición del gallego por parte de la Xunta y a favor del bilingüismo
Lunes, 20-10-08
Galicia vivió ayer la primera gran manifestación en contra de la imposición del gallego en la Comunidad y la implantación de un sistema que priorice a uno de los dos idiomas oficiales sobre el otro. Ocurrió en La Coruña, donde la convocatoria de la Mesa por la Libertad Lingüística fue seguida por varios miles de personas y superó las expectativas de una tarde soleada, con fútbol de por medio.
Asociaciones como la Sociedad Cultural Círculo Balear, la Plataforma por la Libertad de Elección Lingüística del País Vasco, el Foro Ermua, Aragón Liberal, además de otras agrupaciones catalanas, valencianas y gallegas, se sumaron a la iniciativa de la asociación gallega de modo presencial o nominativo. Un síntoma de los lazos que se están estableciendo entre asociaciones con similares objetivos y que que han brotado en los últimos tiempos por todas las Comunidades españolas bilingües.
La cita se inició bajo el denominador común del rechazo al proceso de «normalización» social del gallego, un proyecto que, amparado por una ley aprobada en 1983, establece políticas de discriminación positiva a favor de éste. El propio génesis de la agrupación que convocaba la marcha, la Mesa por la Libertad Lingüística, se deriva de la implantación en el pasado curso por parte del Gobierno regional de un decreto educativo que desarrolla esa ley e impone un mínimo de un 50% de horas lectivas en gallego. En algunos centros, denuncian colectivos como Galicia Bilingüe, eso ha supuesto la erradicación del castellano hasta en un 80% de las clases.
«Contra la imposición, movilización», «No a la normalización; ya somos normales» o apelación a no «vivir en gallego» o «en castellano», sino «en libertad» ocuparon buena parte de los carteles que portaban los asistentes al acto, encabezado por el presidente y varios promotores de la Mesa por la Libertad Lingüística en compañía de figuras como el historiador Fernando García de Cortázar.
Contramanifestación
Se esperaba la visita de contramanifestantes, al igual que había ocurrido hace unos meses, en el mismo escenario, en una reunión a favor de la enseñanza en castellano y que finalizó en carga policial. Y la hubo. Fue poco antes del inicio de la marcha, que se inició en el Obelisco y transitó durante unos centenares de metros del casco viejo para finalizar en la plaza de María Pita, ante el palacio consistorial.
Una decena de jóvenes, de los que ninguno aparentaba haber llegado a la cuarentena, se acercaban a la cabeza del grupo de manifestantes ataviados con una pancarta, banderas de España, toros de Osborne, algún que otro escudo de la etapa preconstitucional y carteles con lemas de hiperexaltación hispánica. «Gallego-portugués, la misma mierda es», «Sí, sí, sí, galleguistas a Allariz» -la tierra natal del vicepresidente del BNG, Anxo Quintana- o «Sí, sí, sí, La Curuña se dice así» (sic) fueron sus gritos de guerra durante no más de cuatro minutos.
Ante el abucheo generalizado a los que pretendían hacer escarnio y elevar al absurdo la convocatoria, las fuerzas de seguridad de la Policía Nacional obligaron al grupo a abandonar la zona. Los efectivos policiales solicitaron la identificación de alguno de los participantes de la «contra», a lo que éstos se negaron alegando que «venimos a la manifestación como los demás». Finalmente sí facilitaron sus nombres.
«Linguolatría»
Al término de la marcha los manifestantes escucharon la lectura de un manifiesto en el que se rechazaba lo que los convocantes consideran el actual estado de «linguolatría» en la Comunidad: «Nuestros representantes regionales han instaurado e impulsan, ahora sin complejos, un estado de culto: la linguolatría», «una catequesis forzosa de la totalidad de la población infantil», denunciaban los portavoces de la Mesa por la Libertad Lingüística.
«Aún quedamos bastantes para impedir la utopía excluyente en la que trabajan con tanto afán -y con tanto dinero, en parte nuestro-. Y nosotros seguiremos aquí para defender que la inmersión lingüística y la normalización están enfrentadas a la libertad», proseguía un manifiesto en castellano que finalizaba con un «Galicia é de todos nós» («Galicia es de todos nostros»).
Como toda manifestación que se precie, la convocatoria finalizó con guerra de cifras: 3.000 manifestantes, según la organización, ó 450, según la Policía Local.


